Varios establecimientos no pudieron empezar las clases por problemas edilicios. Cientos de chicos deberán esperar para volver al aula.
El calendario escolar marcó el inicio de clases, pero para muchos estudiantes ese comienzo quedó en suspenso. En varias escuelas salteñas las obras de infraestructura que el Gobierno de Gustavo Sáenz había prometido no fueron terminadas a tiempo. La situación dejó a cientos de niños y adolescentes sin la posibilidad de volver a las aulas.
Es el caso de, al menos, dos establecimientos educativos que vienen con problemas desde hace mucho tiempo: la escuela técnica Joaquín Castellanos y la Victorino de La Plaza.
Aulas sin techo, baños clausurados, sistemas eléctricos sin reparar y filtraciones de agua son solo algunos de los problemas que impiden el normal desarrollo de las actividades escolares. La situación no es nueva, pero sí indignante: año tras año se repiten las mismas excusas y los mismos errores. La falta de planificación y la desidia de las autoridades han convertido lo que debería ser un derecho garantizado en una incertidumbre angustiante para muchas familias.
Solo para dar contexto a la situación de desidia que reina en el Gobierno y en la cartera educativa, vale recordar los problemas edilicios del año pasado que terminaron en intoxicaciones masivas.
Mientras el discurso oficial insiste en la importancia de la educación, la realidad muestra otra cara: escuelas en condiciones deplorables, docentes y estudiantes obligados a adaptarse a un panorama de precariedad y soluciones parche. La educación pública merece más que promesas incumplidas. Merece compromiso real y acciones concretas que aseguren condiciones dignas para enseñar y aprender.
