El diputado nacional saencista parece haberse enterado del déficit de recursos humanos en la salud pública. Culpó al Gobierno nacional, pero en Buenos Aires le vota todo.
El diputado nacional que responde al gobernador Gustavo Sáenz, Pablo Outes manifestó su “preocupación” por la falta de médicos en Cerrillos, una situación que efectivamente merece atención urgente. Sin embargo, sorprende -o quizás no tanto- que esta inquietud surja ahora, cuando su espacio político ha tenido el control del gobierno provincial durante los últimos seis años. La falta de profesionales de la salud en muchas localidades salteñas, incluida Cerrillos, no es una novedad: es una crisis que se ha venido profundizando con el tiempo, sin que desde el oficialismo se implementaran soluciones reales.
“Conversamos con profesionales de la salud del sistema público y preocupa que mientras la OMS recomienda al menos 4 médicos cada mil personas, en Cerrillos apenas llegamos a 0,2”, publicó Outes en sus redes sociales.
Para el legislador “no es casualidad. Es el resultado de decisiones políticas que abandonan a las provincias y nos dejan sin recursos para sostener lo más básico: la salud de los salteños”, agregó, en un intento de deslindar responsabilidades y cargar al gobierno nacional con toda la responsabilidad.
Resulta llamativo que Outes, quien fue coordinador de Enlace y Relaciones Políticas del Gobierno y actualmente ocupa una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, decida alzar la voz justo cuando las consecuencias de años de desidia se hacen insostenibles.
¿Dónde estuvo su preocupación cuando, año tras año, se recortaban recursos para los hospitales del interior? ¿Por qué recién ahora, con la situación crítica y el descontento social creciendo, se pronuncia sobre una problemática que su propio espacio político ayudó a crear o, al menos, a ignorar?
Hablar de falta de médicos en Cerrillos sin asumir responsabilidades es, como mínimo, un acto de hipocresía. El oficialismo que Outes representa no sólo ha gobernado la provincia, sino que ha centralizado decisiones clave en materia de salud pública. Mientras los centros de salud del área metropolitana y del interior sufrían carencias estructurales, se optó por el maquillaje comunicacional en lugar de fortalecer verdaderamente el sistema sanitario.
Pero, además, la hipocresía de Outes también se expresa en el intento de culpar al Gobierno nacional por la falta de recursos para la salud: si bien es cierto que la motosierra de Javier Milei hace estragos en la salud pública, también es verdad que Pablo Outes, junto a sus compañeras Pamela Calletti y Yolanda Vega votan todo a favor de esa motosierra.
Las promesas incumplidas y los diagnósticos repetidos año tras año no sirvieron para frenar el deterioro del acceso a la salud en Cerrillos y en tantas otras localidades salteñas.
No se puede aceptar que quienes tuvieron las herramientas para cambiar la realidad ahora se presenten como sorprendidos o indignados por sus propias omisiones. La política no puede reducirse a la puesta en escena ni a los discursos convenientes.
Cuando se habla de salud pública, se habla de vidas, de urgencias concretas, de comunidades enteras que esperan respuestas. Y es allí donde el silencio prolongado de Outes y su espacio pesa más que cualquier frase reciente.
