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viernes, octubre 2, 2026

Pamela Calletti: el extraño caso de la diputada que es opositora en redes y oficialista en la Cámara

La legisladora siempre oficialista intentó subirse al “bono energético” para jubilados, pero en el Congreso siempre se opone a los proyectos para favorecer a los adultos mayores.

Pamela Calletti, actual diputada nacional por Salta, que responde al gobernador Gustavo Sáenz, no deja de sorprender con su habilidad para el doble discurso. Mientras en redes sociales se muestra “preocupada” por los sectores más vulnerables y lanza críticas edulcoradas al Gobierno nacional, en la Cámara baja actúa incondicionalmente a favor del ajuste libertario, votando en contra de cualquier mejora para los jubilados.

Ya es común ver a Calletti levantar la mano en línea con el oficialismo de Javier Milei para bloquear la aprobación de cualquier mejora a los adultos mayores o a cualquier sector vulnerable. Asumió, por el peronismo, pero la diputada saencista terminó alineándose con el bloque que impulsa los recortes más duros.

Lo curioso es que en las últimas horas publicó en sus redes sociales un video en el que intenta sacar provecho de una medida del Ente Regulador de Servicios Públicos. Se trata de un “Bono energético” para bajar un poco las elevadas tarifas a los jubilados.

Calletti insiste con una pose de “independencia”, como si formara parte de un espacio dialoguista, moderado, sensible a las necesidades sociales. Pero sus votos dicen otra cosa. Al final del día, es funcional al plan de ajuste que empobrece aún más a los que menos tienen.

En este sentido, su figura se vuelve emblemática del modelo político que construyó Gustavo Sáenz en Salta: dirigentes que simulan pluralidad y preocupación social para el marketing político, pero que a la hora de la verdad responden sin titubeos al poder central. Calletti no es excepción. Es parte del engranaje.

La contradicción no es menor. Porque, mientras la crisis golpea con fuerza en el norte argentino y los jubilados salteños hacen malabares para sobrevivir con haberes miserables, su representante en el Congreso niega sistemáticamente cualquier intento de recomposición. Y lo hace en silencio, sin dar explicaciones, sin asumir el costo político. Algunas veces no dando quórum, colaborando para que no haya sesión, y otras directamente votando en contra.

A esta altura, la diputada debería decidir de qué lado está: si va a seguir simulando una preocupación que no respalda con su voto, o si va a blanquear lo que en los hechos ya es evidente para todos: que su prioridad no son los jubilados, ni los trabajadores, ni los sectores populares, sino el acuerdo de su jefe político con la motosierra presidencial.

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