Juraban que venían a terminar con las viejas mañas de la política, pero desde Salta sacaron dos micros para el acto de Milei en Córdoba, Todo en un contexto de corrupción que ya no pueden tapar.
El mileísmo irrumpió en la política con la promesa de “dinamitar la “casta”, terminar con los vicios del peronismo y fundar una nueva política”. Pero la realidad, cada vez más cruda, los deja en evidencia: para sostener el acto de Javier Milei en Córdoba, tuvieron que sacar micros desde Salta. Fueron dos colectivos y encarnaron la misma postal que ellos criticaban, ahora con menos gente y mucho más ruido a fracaso.
La épica libertaria de plazas repletas y jóvenes exaltados se redujo a militantes rentados que viajan horas para engordar la tribuna presidencial. Exactamente lo que hacía el peronismo durante décadas: micros, banderas y un poco de cotillón. Lo curioso es que quienes se burlaban de esas prácticas hoy se sostienen en ellas, aunque con menos convocatoria.
Como si fuera poco, la hermana presidencial, Karina Milei, aparece salpicada en un escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). “El Jefe”, que se jactaba de ser distinta a los políticos tradicionales, terminó envuelta en las mismas prácticas que supuestamente vinieron a erradicar.
La combinación es explosiva: menos apoyo en la calle y más sospechas en los Tribunales. Mientras los micros se achican, las denuncias se agrandan. La Libertad Avanza parece retroceder al peor lugar: convertirse en lo mismo que juró combatir.
La pregunta ya no es si Milei mantiene el apoyo popular. La pregunta es otra: ¿qué queda del “fenómeno libertario” cuando se lo despoja de la épica y se lo ve haciendo lo mismo que el peronismo, pero con menos gente y más corrupción?
