La acefalía en el área es una muestra brutal del desprecio oficial hacia un problema que en Salta sigue cobrándose vidas. La agenda de las mujeres sigue fuera del radar de Sáenz.
Ya pasaron casi tres meses desde que Itatí Carrique dejó la Secretaría de las Mujeres, Géneros y Diversidad, y el gobierno de Gustavo Sáenz todavía no nombró reemplazo. El silencio, prolongado e incómodo, habla más fuerte que cualquier comunicado: para la gestión provincial, la agenda de género no es prioridad, sino un tema descartable y secundario.
En un contexto donde los casos de violencia machista no cesan y los femicidios continúan llenando las páginas policiales, el área que debería diseñar políticas públicas de prevención y protección permanece vacía.
Ayer, una mujer, en el barrio Hernando de Lerma, fue atacada con un arma blanca por su pareja. El agresor se habría quitado la vida, en un nuevo caso de violencia de género en nuestra provincia.
Esta ausencia institucional se traduce en la falta de respuesta concreta para cientos de mujeres que enfrentan situaciones de riesgo.
Sáenz no solo muestra indiferencia, sino también un desinterés político que es imposible disimular. Mientras se suceden actos, inauguraciones y campañas, la Secretaría que debería ser un faro frente a la violencia atraviesa una parálisis peligrosa.
La falta de designación es un mensaje en sí mismo: no hay urgencia, no hay voluntad y, mucho menos, un plan. La agenda de las mujeres no está en el radar del gobernador, que prefiere sostener la ficción de un gobierno “preocupado por la inclusión” mientras los hechos demuestran lo contrario.
En Salta, la violencia de género se sigue cobrando vidas. Pero la respuesta estatal, en lugar de fortalecerse, se diluye en la inacción. Tres meses sin conducción en el área más sensible no es una omisión menor: es una política deliberada de abandono.
