La candidata a senadora del oficialismo provincial intentó desmentir que no está afiliada a La Libertad Avanza, pero terminó reconociendo que se acomoda en cualquier lugar.
Fue funcionaria de Alberto Fernández, propuesta por el propio Gustavo Sáenz y también fue funcionaria de Javier Milei. Ahora Flavia Royón, bajo las órdenes del gobernador, intenta mostrarse como “opositora” al gobierno nacional, pese a elegir al presidente por sobre el resto de los dirigentes nacionales. Ahora intentó desmentir sus vínculos con los libertarios, pero, de alguna manera, terminó reconociendo que se trata de una viajera del poder sin destino fijo, capaz de acomodar su discurso en cualquier ventanilla.
La principal virtud se Royón, acaso, es saber acomodarse en cualquier andén político y su pasado reciente así lo demuestra. Fue secretaria de Energía de Alberto Fernández y fue secretaria de Minería del gobierno libertario. Una contradicción que desnuda oportunismo más que convicciones.
¿Se puede pasar sin rubor de un gobierno que prometía “Estado presente” a otro que reivindica el “sálvese quien pueda”? Royón lo hizo. Y sin dar muchas explicaciones. Su capacidad de “acomodarse en cualquier andén político” habla menos de coherencia ideológica y más de la habilidad para estar siempre del lado del poder de turno.
Los fallidos esbozos de mostrarse como opositora al gobierno libertario se terminan rápidamente, cuando el archivo reciente muestra que prefiere a Javier Milei por encima de cualquier otro dirigente nacional.
En Salta, Royón es vista como una técnica “todoterreno”, capaz de defender un modelo económico y, al día siguiente, su contrario. Pero lo que para algunos es “versatilidad”, para otros es puro oportunismo. Una viajera del poder que no parece tener estación final. Eso sí: siempre del lado del lobby minero.
Así, entre Alberto y Milei, Royón logra algo que muchos no: sobrevivir a todos los cambios de viento. Pero esa supervivencia política tiene un costo: la credibilidad. Y esa, en tiempos de crisis, vale más que cualquier cargo.
