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jueves, septiembre 3, 2026

Opinión | Ayudemos a Argentina, imitando a Cristo

Un niño tan pobre, que nació en un pesebre, que era el lugar donde los campesinos guardaban su ganado, provocó una revolución a nivel mundial, sin oro, sin armas, sin ejércitos, sin el poder que da el gobierno. Y la revolución consistió en proclamar                  que todos los seres humanos éramos iguales ante Dios. Tanto el letrado como el analfabeto. Tanto los ricos como los pobres. Tanto los que gobiernan como los gobernados.

La buena nueva se propagó con velocidad, con los cristianos creciendo y creciendo cada vez más. Sufriendo persecuciones, torturas, cárcel y hasta la muerte, por defender sus creencias. Hoy en muchos lugares sigue ocurriendo lo mismo.                                                                                                                                                                                ¿Pero los cristianos de hace dos mil años, solo procuraban su satisfacción espiritual? Sabían que si los principios de igualdad, de perdón, de solidaridad, y el respeto a Dios, los igualaba, ello permitiría a sus hijos, nietos y toda su sangre, un mejor modo de vida. Una vida de iguales ante la ley, que con el libre albedrio que Dios nos proporcionó, permitiría nuestro progreso material y espiritual, con el esfuerzo, la capacitación el respeto y el amor al prójimo. La igualdad debe ser de alternativas parejas, frente al presente y al futuro. Y nuestro comportamiento en esta vida, nos permitiría premios y también recibir castigos.

Hoy coexisten múltiples religiones con Cristo como estandarte. Pero solo crecen las que nunca olvidaron el origen de Jesús en un pesebre.

Estas reflexiones como cristiano, debemos extenderlas a nuestra casa común, la Tierra, que es asesinada con la sobreexplotación, con contaminación de nuestros mares, de nuestros ríos y hasta de la atmósfera.

Somos cristianos, pero permitimos que cada vez menos personas se adueñen cada vez más, de lo que nos pertenece a todos. Para muchos la pobreza y la indigencia es un problema que nos es ajeno. La desesperanza de nuestros jóvenes y niños, que viven solo el hoy, aferrados todo el día a las teclas de su celular, sin darnos cuenta de que esa tecnología nos despoja de nuestra libertad plena. Miramos, impávidos, como las naciones se apoderan de otras naciones y los más grandes se reparten el mundo en zonas de influencia.

Esta catástrofe social, y humanitaria, es porque nosotros creemos que votar es elegir. Somos simples espectadores y no protagonistas. Nuestro amado judío, nacido en un pesebre, hoy sería solo una noticia periodística, en su camino al calvario.

Somos nosotros los que escogimos este destino de incertidumbre, porque no seguimos el ejemplo del nacido entre la paja. Los primeros cristianos. eran apóstoles, eran militantes, palabra que utilizo pues la entienden todos los lectores. Hoy, repito, solo vemos pasar a

Jesús con la cruz a cuestas.

Solo los ricos y sus amanuenses pueden ser candidatos

Si los ricos son tan pocos y los pobres muchos más- Si el voto desde La ley Saénz Peña, nos iguala, ¿porque solo los ricos pueden llegar? Elegimos mal nuestros representantes. Nuestros mandatarios, los que deben hacer lo que nosotros sus mandantes necesitamos, se transformaron en nuestros amos.

Estas reflexiones intentan que los lectores y sus allegados, comiencen a pensar cómo podemos lograr que los más honestos, los más eficientes, los que entiendan que la política es un servicio, lleguen a la conducción del Gobierno.

Termino con nuestro Papa Francisco. Nos dijo: la política debe ser servicio; los cristianos deben servir; los cristianos deben participar en política.

Les deseo un esperanzado 2026, con la familia unida y la mirada mucho más allá de nuestros cerros. Con San Martín. Belgrano y Güemes, como guías.

Por Santos Jacinto Dávalos

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