Darío Brunotto no salió a la ruta pensando que iba a vivir una situación límite. Volvía de trabajar en Campo Quijano y en minutos, el agua desbordó arroyos, arrastró vehículos y dejó a una mujer atrapada dentro de su auto. En diálogo con Infinito FM describió una postal repetida : cuando llueve, la ruta colapsa y puede ocurrir una tragedia.
“En Quijano era una llovizna normal, de esas que siempre hay. Acá llueve seguido, no era nada raro”, contó y acotó que “después, cuando salí para Rosario y Lerma, ya se notaban las calles inundadas, pero eso también es normal: cae una gota y ya se inunda todo”.
El viaje siguió sin sobresaltos hasta que tomó el camino hacia La Florida. “El agua venía normal, no parecía tan grave. Yo iba detrás de dos camiones”, relató. Pero todo cambió en cuestión de minutos.
“Cerca del frigorífico se desbordó un arroyo y agarró de sorpresa a los vehículos. Pasa un camión y el otro se queda. Yo quedo atrás y empiezo a sentir que el agua sube”.
Ahí apareció el miedo. “Me empezó a querer arrastrar. Yo pensé: si me arrastra, voy a quedar abajo del camión o voy a chocar al auto que estaba ahí”.
En ese momento, Darío todavía no sabía que dentro de ese auto había una persona. “Yo pensé que estaba vacío. El agua le pegaba por arriba del parabrisas, no se veía nada”.
La escena se reveló cuando logró pasar al camión. “Cuando lo paso y miro por el espejo retrovisor veo a la señora adentro, con un perrito, llorando”.
“El camionero empezó a gritar: ‘saquemos a la señora, amigo, saquemos a la señora’”.
La decisión fue inmediata. “Yo veía la magnitud del agua, que te podía llevar a vos también. Me pregunté qué hago y me dije: primero está la vida de la señora”.
Maniobró la camioneta para acercarse al auto inundado. “Queríamos que la señora salga y se suba a la caja, pero no podía. Estaba en estado de shock, lloraba, tenía pánico total”.
El agua seguía creciendo. “El rescate se iba dando y al mismo tiempo la situación se empeoraba cada vez más. Cada minuto había más agua”.
Con ayuda del camionero, lograron subirla. “Nunca soltó su perrito, en ningún momento”, recordó. “Los dos temblaban”.
Pero salir de ahí fue otro riesgo. “Había una camioneta que el agua se la estaba llevando. La trato de esquivar y me metí en una zanja que no se veía”.
Ahí todo estuvo a punto de terminar mal. “Casi vuelco. La camioneta se me paralizó y yo veía a la señora atrás sujetándose para no caerse”.
“Yo pensaba: tengo una persona atrás, ¿qué hago ahora?”.
La 4×4 respondió. “Gracias a Dios el vehículo respondió y pude salir de la zanja”. Pero el peligro seguía. “El agua me empezó a pegar fuerte y dije: tengo que arriesgarme y salir porque si no me va a arrastrar”.
Finalmente llegaron a una zona más alta. “Pude llegar hasta la parte alta, cerca del frigorífico La Florida. Ahí el agua desemboca para el río”.
Cuando bajaron, el impacto emocional era evidente. “La señora estaba en shock total. No podía ni bajar de la caja de la camioneta, la tuvimos que ayudar”.
Vecinos y automovilistas se acercaron a colaborar. “Nos alcanzaron gaseosas, trataban de tranquilizarla”.
“Una cosa es contarlo y otra cosa es ver cómo temblaban la señora y la perrita”.
Darío también quedó marcado por lo vivido. “Yo también estaba asustado. Casi vuelco, casi me lleva el agua”.
En su relato aparece una frase que se repite y que resume el problema de fondo en la zona:
“Esto pasa siempre. En Rosario, Lerma, Quijano… llueve y se inunda”.
El rescate evitó una tragedia, pero dejó al descubierto, una vez más, una realidad conocida por los vecinos: lluvias que no son extraordinarias, rutas desbordadas y situaciones que dependen más de decisiones individuales que de soluciones estructurales.
