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jueves, agosto 20, 2026

Tras las inundaciones, otro intendente salteño fue increpado por su pueblo

Luego de las fuertes lluvias que volvieron a castigar al Valle de Lerma, el pueblo de La Merced estalló. El intendente Wayar fue enfrentado cara a cara por vecinos hartos de promesas incumplidas.

Las inundaciones dejaron algo más que calles anegadas en La Merced: barro, piedras y agua dentro de las casas, pérdidas materiales y una bronca acumulada que finalmente encontró destinatario. En una reunión realizada este jueves, vecinos mercedeños confrontaron duramente al intendente Javier Wayar, a quien le reprocharon su ausencia, su falta de reacción y la desidia de una gestión que nunca abordó el problema con seriedad.

El episodio convierte a Wayar en el segundo intendente salteño increpado por su propio pueblo tras las lluvias que golpearon con fuerza a la provincia. Días atrás, la escena se había repetido en La Caldera. Lejos de tratarse de hechos aislados, las protestas exponen un patrón que se repite: gobiernos locales desbordados, sin planificación y sin capacidad de anticiparse a eventos que ya dejaron de ser excepcionales.

Testigos de la reunión aseguran que el clima fue tenso desde el primer minuto. Los vecinos acusaron al jefe comunal de “mirar siempre para otro lado” mientras La Merced se inunda todos los años. Cuestionaron la incapacidad del municipio para reaccionar ante un problema crónico y subrayaron que, aunque ninguna gestión anterior lo resolvió, las peores inundaciones se están dando durante el mandato de Wayar.

Las consecuencias de este último temporal fueron más graves que en años anteriores: el agua ingresó a más viviendas, se multiplicaron los daños y muchas familias perdieron lo poco que tenían. A eso se sumó el silencio oficial. Wayar llegó acompañado por algunos funcionarios de su gabinete que se limitaron a escuchar, sin emitir una sola palabra. No quedó claro si fue una orden del intendente o, simplemente, la imposibilidad de ofrecer respuestas.

Cuando asumió, Wayar prometió obras para contener las inundaciones. No hubo obras. Tampoco explicaciones. Los vecinos recordaron, además, que el intendente estuvo ausente en reuniones previas donde ya se advertía sobre el estado de los desagües y se reclamaban medidas preventivas que nunca llegaron. Lo ocurrido en La Merced no fue una catástrofe imprevisible: fue la consecuencia directa de años de desidia. Y esta vez, el pueblo decidió decirlo en la cara.

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