En medio del homenaje al General Güemes, el gobernador se hizo el distraído con el escándalo de corrupción del Jefe de Gabinete del gobierno libertario.
En el marco de los actos oficiales del homenaje a Martín Miguel de Güemes, el gobernador Gustavo Sáenz eligió correrse del escándalo que sacude al jefe de Gabinete nacional, Manuel Adorni, y bajarle el precio con una lista de preocupaciones más bien terrenales.
“A mí no me preocupa Adorni, a mí me preocupa el gas de los salteños, me preocupa la ruta, me preocupa la falta de medicamentos oncológicos, me preocupa que la gente no llegue a fin de mes, preocupa la falta de consumo, las empresas que cierran, la gente que se queda sin trabajo. Lo de Adorni es una preocupación que debería ser del gobierno, porque es un funcionario”, disparó.
La frase sonó a “tirar la pelota a la tribuna”, casi de manual: cambiar el eje, volver a lo cotidiano y correrse de una discusión incómoda para un gobernador aliado de los libertarios.
Mientras el gobernador se muestra ajeno al ruido nacional, en los pasillos del Congreso la historia parece escribirse de otra manera. Allí, los legisladores que responden a su espacio aparecen como piezas clave para sostener al jefe de Gabinete en medio de las tensiones y posibles embates de la oposición.
Así, el gesto público de desentendimiento convive con una arquitectura política más pragmática: tomar distancia en el discurso, pero no necesariamente en los votos. Una dualidad que ya no sorprende, pero que vuelve a quedar expuesta en momentos donde cada posicionamiento pesa.
