A último momento la senadora saencista se sumó a sus pares “dialoguistas” que no iban a acompañar al oficialismo. Fracaso libertario en el Senado y especulación hasta el final.
La caída del capítulo de la ley de Inviolabilidad de la propiedad privada, que buscaba modificar la ley de tierras en el Senado tuvo un punto de inflexión claro y con nombre propio: Flavia Royón. La senadora salteña, que hasta último momento fue contada como voto positivo por el oficialismo, terminó avisando que no acompañaría la iniciativa y desacomodó un tablero que ya venía tambaleando desde el lado de los senadores “dialoguistas”.
El dato no es menor: según se pudo reconstruir, Royón le comunicó directamente a Diego Santilli que su voto sería negativo. Ese mensaje terminó de confirmar que el Gobierno no tenía los números y precipitó la decisión de levantar el proyecto antes de exponerse a una derrota en el recinto.
Hasta ese momento, en La Libertad Avanza la contaban adentro. Patricia Bullrich, jefa de bloque en el Senado, la contaba como propia. No era una apuesta al azar: Royón acompañó cerca del 87% de las iniciativas impulsadas por Javier Milei, consolidándose como una aliada clave en votaciones sensibles. Pero esta vez el cálculo cambió.
La ley en cuestión tocaba una fibra extremadamente sensible: la extranjerización de tierras. En una provincia como Salta, donde el avance de capitales extranjeros sobre recursos naturales es un tema caliente, el costo político de avalar la reforma empezaba a escalar peligrosamente. Ahí apareció la especulación y, finalmente, el volantazo.
En el Senado nadie desconoce que Royón es señalada desde distintos sectores como cercana a los intereses de las empresas mineras extranjeras. Por eso, su indefinición hasta último momento no pasó desapercibida. “Jugó al límite”, deslizan en los pasillos, donde interpretan que la decisión final no fue ideológica sino de supervivencia política.
El episodio también dejó expuesta la interna oficialista. Bullrich no habría blanqueado a la Casa Rosada que los votos no estaban, lo que derivó en reproches y tensión con sectores dialoguistas. La escena terminó con un proyecto retirado a las apuradas y un oficialismo obligado a recalcular.
Royón, en ese contexto, quedó en el centro de la escena: primero como voto seguro, después como incógnita y finalmente como pieza clave en el derrumbe. Un movimiento tardío, medido al milímetro, que evitó quedar pegada a una ley impopular, sobre todo después del episodio de “la bandera de los jugadores” de la Selección, tras ganarle a Inglaterra en el Mundial, pero que no logra despejar las sospechas sobre una legisladora del saencismo que está siempre del lado de los que más tienen.
