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lunes, septiembre 21, 2026

Marocco olfatea que Sáenz puede dejarlo afuera y ya busca dónde acomodarse

Antonio Marocco es un viejo zorro de la política y a esta altura no necesita que nadie le explique cuándo una silla empieza a tener dueño nuevo. En el Gran Bourg son cada vez más los que anticipan que no volvería a acompañar a Gustavo Sáenz como vicegobernador en 2027 y el gringo, que conoce perfectamente cómo funciona el poder, parece haber decidido no esperar a que le avisen que la fiesta terminó.

Por eso empieza a juntarse con cualquiera. La última foto difundida lo muestra con Sergio “Oso” Leavy y Juan Carlos Alderete, presidente nacional del Partido del Trabajo y del Pueblo.

Oficialmente hablaron de unidad, trabajadores, campo nacional y popular y resistencia al Gobierno de Javier Milei. Todo muy diferente a la linea de su jefe, botitas. Pero lo cierto es que está buscando dónde caer parado si Sáenz finalmente decide dejarlo afuera.

El viejo dirigente conoce el paño. Lleva años en la política, dos períodos como vicegobernador y demasiadas horas sentado cerca del poder como para creer que las lealtades son eternas. Sabe que mientras sirve hay abrazos, fotos y discursos sobre compañerismo. Cuando deja de servir, aparece otro.

Y parece haber empezado a olfatearlo. Por eso ahora aparece junto al Oso, que vuelve a caminar después de un largo silencio, y junto a Alderete, mientras tantea también los sectores que orbitan alrededor de Kicillof. Todo vale cuando hay que armar una red de contención antes de que el gobernador termine de decidir quién lo acompaña en 2027.

Porque el verdadero problema de Marocco no parece ser ideológico sino de ingresos. Después de tantos años viviendo de la política, nadie quiere que le llegue de golpe la noticia de que tendrá que probar suerte en la actividad privada. Sería una experiencia novedosa, para alguien acostumbrado a que el Estado sea el escenario, el sueldo y, de ser posible, también el próximo destino.

Así que mejor moverse antes. Sáenz todavía no lo echó o, pero el gringo parece haber entendido que una cosa es esperar una definición y otra muy distinta es esperar sentado mientras los demás se reparten las cartas.

Después de tantos años de política, el problema no es quién conduce, quién representa al peronismo ni cuál es el proyecto para Salta. El problema es no quedarse afuera. Y todo sea por seguir viviendo de la teta del Estado.

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