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martes, octubre 6, 2026

Salta tiene cada vez menos hijos: qué está diciendo la caída de la fecundidad

Jorge Paz advirtió que la provincia cayó a una tasa de 1,2 hijos por mujer, por debajo de la media nacional. Detrás del dato aparecen el trabajo, la vivienda y los ingresos.

La discusión sobre la cantidad de hijos que tienen las familias salteñas acaba de entrar en un terreno mucho más profundo que el de una simple estadística. El economista y demógrafo Jorge Paz advirtió, en una entrevista con FM Infinito, que la Tasa Global de Fecundidad de Salta cayó a 1,2 hijos por mujer, por debajo del promedio nacional, que se ubica alrededor de 1,3. Según su cálculo, es la primera vez desde 1914 que la provincia queda por debajo del promedio argentino.

El número puede parecer abstracto, pero en realidad describe una transformación social bastante concreta. La Tasa Global de Fecundidad estima cuántos hijos tendría en promedio una mujer a lo largo de su vida si se mantuvieran las tasas de fecundidad observadas. Dicho de manera sencilla: si el indicador es 1,2, la sociedad está teniendo, en promedio, poco más de un hijo por mujer. El nivel considerado necesario para el reemplazo generacional ronda los 2,1 hijos por mujer. Las proyecciones nacionales del INDEC muestran, además, que Argentina ya ingresó en niveles de fecundidad considerados ultrabajos.

Pero hay algo más importante detrás de ese número: tener menos hijos no necesariamente significa querer tener menos hijos. De a poco, la discusión demográfica empieza a convertirse en una discusión política y social. En un reciente análisis sobre la fecundidad argentina, Paz encontró que la caída no se explica solamente porque las mujeres estén postergando la maternidad; también existe una reducción de la cantidad de hijos que finalmente tienen las generaciones.

El propio Paz lo planteó con claridad: “Hay que remover las trabas que la gente tenga para tener los hijos que quiera tener”. La frase cambia el eje de la discusión. Ya no se trata de preguntarle a las personas por qué tienen pocos hijos, sino de mirar qué condiciones económicas y sociales encuentran cuando intentan construir un proyecto familiar.

La estabilidad laboral, los ingresos, el acceso a una vivienda, el costo de la crianza y la disponibilidad de sistemas de cuidado forman parte de una ecuación que puede hacer que un proyecto familiar se postergue indefinidamente. Un relevamiento difundido recientemente por UNICEF y otros organismos muestra precisamente que las restricciones económicas, laborales, habitacionales y de cuidado aparecen entre los principales obstáculos para alcanzar la cantidad de hijos deseada.

En ese punto aparece también una desigualdad que suele quedar escondida detrás de los números. “Las mujeres siguen haciéndose cargo de todo el cuidado y trabajan a la par del hombre”, señaló Paz durante la entrevista. La maternidad supone tiempo, organización y tareas cotidianas que todavía recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres, incluso cuando participan activamente del mercado laboral.

No se trata de promover que las personas tengan más hijos, como intenta imponer el discurso oficial ni de convertir la maternidad o la paternidad en una obligación social. El planteo es otro: si una parte importante de la población quiere formar una familia y no logra hacerlo en las condiciones que desea, entonces la caída de la fecundidad también está mostrando algo sobre el funcionamiento de la economía y de la sociedad.

Durante décadas, Salta fue asociada a una provincia con niveles de fecundidad elevados. Hoy esa imagen empieza a quedar atrás. Y quizás el dato más interesante no sea cuántos chicos están naciendo, sino qué está pasando con los proyectos de quienes podrían tenerlos: cuánto cuesta formar una familia, quién se hace cargo de los cuidados y qué condiciones ofrece una sociedad que, mientras envejece lentamente, también empieza a tener menos niños.

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