Cosecha de poroto (imagen ilustrativa).

Un estudio de la Fundación Mediterránea analiza el impacto de la presión fiscal en los agricultores salteños. Destaca las diferencias entre la Pampa Húmeda y los departamentos de Salta que concentran la producción de soja, maíz y poroto.

Los productores salteños sostienen que las retenciones y las presiones fiscales dificultan el progreso económico del sector, especialmente si se tienen en cuenta las diferencias existentes entre los sectores de la Pampa Húmeda y todos aquellos que, dentro de la provincia, monopolizan la producción de soja, maíz y poroto.

En relación a esto, se presentará un estudio en la sede de la Rural salteña, en la que el economista Lucas Dápena analiza cuál es el impacto de las retenciones, las presiones fiscales y los fletes sobre la producción y el precio al que luego se venden las materias primas. Según indican los mismos productores, el nuevo esquema de retenciones que estableció el gobierno nacional, sería un fuerte obstáculo para el sector.

La principal conclusión del estudio de Dápena es que la rentabilidad de los granos depende de la ubicación geográfica de los campos, la distancia respecto del puerto y los rendimientos, y no con la escalas de producción como se suele pensar. Por este motivo, los productores de la Pampa Húmeda terminan siempre más favorecidos que los de las regiones más alejadas.

Algunos números del poroto, del maíz y de la soja

Algunas de las conclusiones del estudio muestran números poco favorecedores para estos tres tipos de granos, que se desarrollan en la provincia de Salta.

En el caso del poroto, de la que Salta es principal productora, durante el 2017/18, con 328.716 toneladas, concentró el 75,2% del área sembrada y el 69,4% de la producción nacional. En su trabajo, según publicó El Tribuno, Dapena determinó que, con el rendimiento promedio, un productor de porotos de Tartagal debe destinar el 69% de los ingresos totales para cubrir gastos directos de producción, el 9,6% a los de comercialización y el 20,5% para el pago de impuestos, quedando solo una rentabilidad menor de un 1%.

Para el caso de la soja, cabe decir que la producción llegó en 2018 a un techo de 1.186.684 toneladas, con un incremento del 13,9% respecto del año anterior. Según el estudio de Dápena, los productores del norte de la provincia deben destinar el 41,4% de los ingresos totales para cubrir los impuestos, el 47,2% a los gastos directos de producción y el 25,4% a los de comercialización. El resultado final es un 14,1% de saldo negativo.

Por último, en el caso de los productores de maíz de Tartagal, deben destinar el 24,8% de los ingresos totales para cubrir los impuestos, el 37,3% a los gastos directos de producción y el 46,7% a los de comercialización. El resultado final es un 8,8% negativo.

Con este estudio, los agricultores analizarán qué medidas y pedidos presentarán ante las autoridades nacionales.

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