Mientras avanzan debates sobre recortes de derechos laborales, el fin de semana largo transcurrió sin actividad pública. Un contraste evidente con las demandas hacia la sociedad.
El feriado largo de Carnaval dejó una postal curiosa en Salta: mientras desde distintos niveles del poder se promueven reformas laborales, ajustes y mayor “adaptabilidad” para los trabajadores, buena parte de la dirigencia política optó por una modalidad mucho más tradicional para sí misma: descanso completo y sin interrupciones.
El gobernador Gustavo Sáenz mantuvo un perfil prácticamente invisible durante los días festivos. Sin anuncios, recorridas ni presencia institucional, la agenda provincial entró en modo avión en un contexto económico y social que, lejos de tomarse feriado, sigue acumulando tensiones.
Algo similar ocurrió con el jefe de Gabinete, Sergio Camacho, una de las piezas centrales del funcionamiento diario del Ejecutivo. La ausencia de actividad pública reforzó la sensación de una administración que decidió correrse completamente del escenario durante el fin de semana extra largo.
Los referentes libertarios locales, como Emilia Orozco, Carlos Zapata y Gabriela Flores, habitualmente activos cuando se trata de respaldar ajustes o polemizar en redes, también redujeron drásticamente su exposición. El silencio contrastó con la intensidad discursiva que suelen exhibir cuando las discusiones pasan por recortes, reformas o sacrificios ajenos.
La escena resulta elocuente: mientras a los trabajadores se les plantea la necesidad de repartir vacaciones, resignar derechos o aceptar condiciones más duras en nombre de la crisis, quienes administran esas decisiones parecen no tener dificultades para disfrutar de un descanso corrido, sin fragmentaciones ni urgencias visibles. Contradicciones flagrantes.
