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lunes, junio 24, 2024

Cerca de los piletones, no pueden más con la contaminación

Vecinos del barrio 17 de Octubre piden obras que les permitan cambiar de vida.

Están obligados a soportar olores nauseabundos, alacranes, víboras y ranas.

“El olor es fuerte y cuando hace calor empeora. Siempre salen víboras. Después de cada lluvia, cuando cambia el clima aparecen los alacranes, es terrible, suben por todas partes. Hace poco saqué dos de la cama. Como yo tengo cuatro hijos chicos, pongo nailon alrededor de las camas y el ropero para que los alacranes no trepen”, manifestó Dominga Sosa, de 30 años, quien vive frente a los piletones llenos de líquidos cloacales del barrio 17 de Octubre, en la zona norte de la ciudad.

La joven, madre de dos niñas de 3 y 4 años y de dos niños de 8 y 10, constantemente tiene que limpiar el frente de su casa con fenelina y lavandina para tratar de espantar a los insectos.

Recientemente el Concejo Deliberante presentó una denuncia ante el Ministerio de Ambiente de la Provincia por los piletones de la barriada.

“Durante la época de lluvias también pongo trapos en la ranura de abajo de la puerta, la cierro y no salimos. Cada año, con la primera lluvia fuerte que cae desde los piletones salen un montón ranas chiquititas, de todos colores. Es impresionante. Saltan por todas partes”, relató.

“No dejo que mis hijos salgan ni a la vereda ni al patio porque hay bichos a rolete. Ni los espirales espantan a los mosquitos. Mi nena de cuatro años es alérgica y tiene manchas en la panza, así que le pongo repelente todo el tiempo y además toma un jarabe especial porque si le llega a picar un bicho se le brota toda la piel”, dijo la mujer, al tiempo que exhibió las cicatrices de innumerables picaduras en el abdomen de su hija.

Dominga y su familia viven desde hace cinco años frente a los piletones. “Muchos funcionarios vinieron a visitarnos pero hacen las entrevistas, se van y no vuelven más. Nadie nos da una solución”, aseguró.

“Varios prometieron que los iban a rellenar, cerrar pero hasta ahora no pasa nada. Les pido que lo hagan porque nosotros no podemos seguir viviendo así”, añadió.

Filtraciones

Rolando Mamaní, de 42 años, tiene una finca hace 20. El campo está atravesado por un cauce de líquidos cloacales que proviene de uno de los piletones, situado a tan solo 10 metros de sus tierras, en las que hay animales como chanchos, gallinas y caballos.

“Son filtraciones porque el piletón rebasó, reventó y todo viene para mi casa, pasa y sigue su curso hacia el río Mojotoro. Cuando llueve se rebasa todo y el agua llega a las casas, así que andamos en medio del agua contaminada. Los chicos, en muchos, casos se tienen que subir a los techos, es un desastre”, manifestó, con gran preocupación, el hombre, padre de un niño de cinco años y técnico electrónico. Su terreno mide 40 metros de ancho por 200 de largo.

“Tengo entendido que las obras no se hacen por falta de inversiones para la zona y también por falta de compromiso de los funcionarios. Promesas por parte de los gobiernos provincial y municipal hubo muchas. Acciones, ninguna. Algunos mandatos terminarán y no se hizo nada. Queremos vivir mejor. Este es el único lugar que tenemos. No tenemos donde ir. Les pedimos a los funcionarios que se hagan cargo porque ellos son los responsables. No podemos seguir así”, recalcó Mamaní.

Peligro para los niños

Lorenza Espinoza tiene 45 años y vive hace cuatro frente a los piletones, desde que compró su humilde vivienda. Tiene cuatro hijos y tres nietos. No le quedó otra opción que colocar telas mosquiteras en todas las puertas y ventanas. “Cuando les pica un mosquito a alguno de mis hijos o nietos, inmediatamente le pongo hielo porque si no se les forman manchas en la piel. Nunca nadie vino a preguntarme cómo es que sobrevivimos aquí. Yo quiero que saquen los piletones, que los rellenen para que no se mantenga el agua contaminada ahí”, expresó.

La mujer aseguró que la situación es insegura para los chicos. “Necesitamos que cierren los piletones para que puedan jugar tranquilos, sin arañas ni otros bichos alrededor”, manifestó Ángela Robledo, de 47 años, que reside desde hace cinco el barrio 17 de Octubre, junto a sus hijas de 15 y 6 años.

 

 

Fuente: Marianela Pereyra El Tribuno

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