26.4 C
Salta
jueves, junio 13, 2024

Dos mujeres de Las Colinas necesitan ayuda para seguir adelante

El miércoles por la madrugada una tormenta con vientos de unos 70 kilómetros por hora arrasó varias viviendas en la ciudad de Salta. Hay familias que perdieron todo, menos la dignidad y la

fuerza.

Da orgullo escuchar las historias de Belén Campos y Liliana Bautista, vecinas del barrio Las Colinas, que, a pesar de haber sido víctimas de violencia de género y de una sociedad injusta, todos los días se levantan con ganas de trabajar para estar bien, tanto ellas como sus hijos. Con mucho esfuerzo, decidieron dejar de sufrir para cambiar el rumbo de sus vidas.

La tormenta del miércoles pasado por la madrugada, que azotó a la ciudad de Salta y alrededores con vientos de unos 70 kilómetros por hora, es otro desafío que van a sortear para seguir con la frente en alto.

A las 3.30, Belén, de 23 años, se levantó asustada por el ruido de las ráfagas de viento. Se cambió de pieza y desde allí escuchó cómo se levantaban las chapas del techo y se caían las paredes, una por una. Desesperada, llamó a su anterior compañero que fue a socorrerla. Se metieron dentro de su vehículo con los hijos de ella, de 5 y 3 años. El auto se movía pero aguantaron ahí hasta que llegó la calma, a eso de las 5.30.

Cuando salieron, Belén miró lo poco que quedaba de su casa: ladrillos por doquier y artefactos imposibles de recuperar: cocina, heladera, televisor, secarropa y hasta la garrafa.

Los vecinos solidarios la ayudaron a levantar los escombros y a armar una parte de la pared con los ladrillos que recuperaron. Un vecino le acercó un bolsón con mercadería y otro, frutas para sus hijos. Desde Acción Social de la Municipalidad la socorrieron con dos camitas de madera.

Sueño destruido

El lunes de la semana pasada los albañiles habían terminado de construir la pieza, hasta con ventanas. Dos días después, todo se vino abajo. “A mí me duele esto porque todo lo que invertí y lo que me ayudaron se fue, se perdió. Gasté $25 mil para la mano de obra, además de los materiales”, relató Belén, que había pedido un préstamo al Gobierno por 45 mil pesos.

Ella pagaba las cuotas con lo que ganaba por vender tortas. Ahora, sin cocina ni heladera no sabe cómo pagará la próxima cuota, que vendrá con intereses. “Mis hijos son chicos y necesito una ayuda por ellos, aunque sea mano de obra porque yo no puedo pagarla. Material hay, los vecinos me han prestado y yo se los voy devolviendo. Me faltan hierro, puertas, ventanas y una cocinita viejita”, expresó.

Desde Acción Social, le dijeron que le van a llevar 200 o 300 bloques, aunque no saben cuándo, y van a intentar conseguirle algunas chapas.

Un hombre violento

Belén ya pasó por una situación similar, aunque más cruenta, a principios del año pasado. Dos hombres ingresaron a la vivienda, golpearon a ella y a sus hijos, los ataron a la cama y uno abusó de ella. Se fueron y prendieron fuego a la casita de madera prefabricada. Los vecinos intentaron apagar el incendio pero el fuego la consumió toda. Ese fue el segundo intento de femicidio que Belén sufrió.

Antes de este episodio, había recibido amenazas del padre de sus hijos, aunque ese día no lo reconoció porque ambos estaban encapuchados. Desde aquel día, 19 de febrero de 2016, le entregaron el botón antipánico pero poco le sirve ya que a veces no hay señal o el móvil de 911 llega 15 o 20 minutos después, “cuando ya pasó todo”.

“El padre de mis hijos vivía golpeándonos porque los chicos salieron con ojos claros. Yo no tengo la culpa; es la genética. Yo ya me alejé de todas esas cosas”. A pesar de que tiene muchas denuncias, el hombre solo tiene prohibido acercarse a menos de 200 metros de donde está ella. Antes, eran 300.

“Una cama para mi hijo”

Liliana Bautista, de 47 años, es la mamá de Daniel Orquera, de 27 años, quien es sordomudo y tiene un retraso mental. La noche de la tormenta se voló una chapa del cuarto, que estaba sobre su cama, y entró muchísima agua. Además del susto que se dio, Daniel perdió el único espacio propio en el que está bien y se siente seguro.

Tras las pérdidas que sufrieron tanto ella como sus vecinos, Liliana llamó a la Policía, a la Cooperadora Asistencial y al 105, de Prevención y Emergencias municipal. Contó a El Tribuno que el viernes fueron al barrio dos camionetas y dos autos llenos de trabajadoras sociales. Lamentó que ninguna se ofreció a conseguir una cama y un colchón para Daniel, sino que la mandaron a hacer un expediente el lunes.

Mientras tanto, por las noches ella comparte con el su cama de una plaza, para que no duerma en el piso. Ella también tiene una salud delicada porque el año pasado la operaron por un cáncer de útero.

“Es lo mismo que uno vea una persona caída y le diga que haga un expediente porque se ha caído para recibir ayuda. No, inmediatamente hay que ayudarla. Yo necesito una camita para que duerma hoy. Me dijeron que me van a ayudar con una habitación y un baño el año que viene”, comentó. “El no sabe de lluvia, de viento o de catástrofe. El solo sabe que ahí es su lugar y que no tiene dónde dormir”.

Sus otros hijos la han ayudado a colocar las chapas porque la vivienda quedó destechada. La cocina ha sido la parte más afectada. Los vecinos le han llevado comida y frutas.

Liliana fue también a pedir ayuda a una oficina de Discapacidad. “Me preguntaron si Daniel estaba golpeado o enfermo. No, el tiene una discapacidad de por vida. Parece que uno tiene que decir todas las miserias para que le traigan un bolsito con mercadería”.

Comparó la situación con lo que sucede en Derechos Humanos, que “solo atiende a las que han sido golpeadas”, aseguró. “Yo he sido golpeada hace 27 años. Ahora, no. Estoy en una estabilidad emocional que puedo afrontar. Me dicen: “Si no es (golpeada) ahora, no’. Entonces busco a alguien que me golpee para que me ayuden. Parece que si uno no es golpeado, no tiene derechos”.

“Yo me he levantado. He superado todas esas cosas sola y con psicólogos. No es un lujo (mi casa) pero la he hecho sin que me golpearan, sin robar, sin drogarme y sin prostituirme. ¿Por qué no me pueden ayudar?”, se preguntó.

Ayuda para reconstruir una casa 

Se busca voluntarios que ayuden a Belén a levantar las paredes de su casa. Además, si alguien quiere colaborar con hierro y aberturas, lo agradecerá. 
Para seguir cocinando tortas para vender, precisa una cocina y una heladera. Aunque sean viejitas, le sirven.
Liliana necesita una cama y un colchón para su hijo Daniel, que es alto y pesado.
El teléfono para comunicarse con ellas es 0387-155518383 (Belén Campos).

 

 

Fuente: Bernardita Ponce Mora El Tribuno

 

Más Leídas
Noticias Relacionadas

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí