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viernes, junio 21, 2024

El potencial explosivo de la decisión de Donald Trump sobre Jerusalén

Líderes de toda la región advirtieron que el traslado de la embajada de EE.UU. a esa ciudad santa podría desatar protestas violentas en varios países.

 

La ronda de llamadas realizada por el presidente estadounidense Donald Trump para anunciar su intención de trasladar su embajada de Tel Aviv a Jerusalén ha sido recibida con indignación entre los principales dirigentes de Oriente Medio. El enfado del presidente palestino, Mahmoud Abbas, ha sido de tal calibre que hasta ha amenazado con rescindir sus relaciones diplomáticas con Washington, a modo de medida de presión. Según Abbas, esta medida unilateral podría desencadenar una nueva ola de violencia y finiquitar toda posibilidad de reactivar el proceso de paz.

El rey Abdalá II de Jordania –al que se considera como garante de los lugares sagrados del Islam en Tierra Santa dentro de la corriente sunnita mayoritaria– que igualmente recibió la correspondiente llamada de Trump, reaccionó alertando de las potenciales consecuencias negativas que tendrá esta medida. En opinión del monarca hachemita, la onda expansiva provocará inestabilidad no sólo en Israel y Palestina, sino también en el conjunto de la región. El propio rey Abdalá pudo comprobar el poder desestabilizador que tiene la cuestión de Jerusalén el pasado verano, cuando un guardia de seguridad de la embajada de Israel en Amán mató a dos ciudadanos jordanos cuando supuestamente intentaron atacarle durante la fase de disturbios que tuvo lugar en defensa de la Explanada de las Mezquitas.

También el presidente de Egipto, Abdel Fatá Al Sisi –que desde que se hizo con el control del país a partir de un golpe militar en 2013 se ha convertido en el principal aliado de Israel en la zona– se ha mostrado contrario a que Trump traslade la embajada o bien reconozca a Jerusalén como la capital de Israel. En esta misma línea se ha manifestado el rey Salmán de Arabia Saudita, país que durante los últimos 5 años ha mejorado enormemente sus relaciones con Israel en el ámbito de la inteligencia y seguridad regional, y que parecía dispuesto a establecer incluso relaciones diplomáticas plenas, condicionando éstas a la implementación de la llamada Iniciativa de Paz Árabe que desde marzo de 2002 plantea la normalización de relaciones con Israel si éste se retira de todos los territorios ocupados a Palestina, Siria y Líbano, así como permite una solución justa al contencioso de la refugiados palestinos.

Independientemente de que Trump opte finalmente por dar orden de traslado de la embajada o por reconocer unilateralmente a Jerusalén como capital –lo que iría en contra de las resoluciones de la ONU y del ordenamiento jurídico internacional– la polémica está servida. Pues además de ir en contra del Plan de Partición que la ONU del que se acaba de cumplir el 70 aniversario y que otorgó a la ciudad santa un Corpus separatum, permitiría a Israel regularizar la anexión de facto de Jerusalén Oriental (la parte palestina de la ciudad), que llevó a cabo a través de la ley de capitalidad de 1980.

En una entrevista concedida a Clarín, el veterano dirigente de la Autoridad Palestina –en la que desempeñó la cartera de Asuntos Exteriores así como la de Planificación y Cooperación Internacional– Nabil Sa´ath aseguraba que “el papel de mediador honesto que Estados Unidos ha venido ejerciendo tradicionalmente en el conflicto queda ya totalmente descartado”.

El que de momento no ha hecho comentarios es el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien ha dado orden de guardar silencio a todos los miembros de su gobierno consciente de la gran importancia simbólica y estratégica que podría tener esta medida para Israel. Todo apunta a que el premier hebreo prefiere esperar a que Trump muestre su jugada para a partir de ahí levantar sus cartas.

 

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