Martín Güemes apareció caricaturizado por inteligencia artificial y, sin querer, logró lo que no había conseguido en todo su paso por la Secretaría de Modernización: una imagen precisa de su gestión. Un dibujo simpático, fuera de foco, subido tarde a una moda que ya pasó. Exactamente así funciona la modernización en Salta.
El funcionario se sumó a la ola de las caricaturas hechas con ChatGPT como quien cree que usar una app es sinónimo de gobernar en el siglo XXI. Un gesto liviano, casi tierno, si no fuera porque llega después de un viaje por Europa el año pasado —del que nadie recuerda una sola política pública concreta— y en medio de un área que no moderniza nada salvo el discurso.
Mientras Güemes juega con la IA, la gestión real hace agua. En marzo, el gobierno provincial anunció con bombos y platillos la creación de un sitio web para “conectar a empresas mineras con ciudadanos en busca de empleo”. Sonaba bien. Demasiado bien. La letra chica llegó después: la plataforma, con un simple movimiento, dejaba expuestos los datos personales de los postulantes, incluidos currículums completos y hasta la imagen del DNI digital.
Sí, el documento. El mismo que los trabajadores debían subir obligatoriamente junto a su CV. Una exigencia que, según el propio Güemes, respondía a la necesidad de comprobar residencia en Salta. El problema no era la intención —discutible, pero debatible— sino el resultado: una web tan mal diseñada que regalaba información sensible, dejándola servida para usos indebidos, compras sin consentimiento o suplantación de identidad. Modernización versión ruleta rusa.
Consultado en FM Infinito, el secretario hizo lo que mejor le sale: no saber. No sabía del nivel de protección de datos. No sabía de hackeos. No sabía de descargas masivas. No sabía nada, pero igual defendió todo. Dijo que los usuarios “aceptan los términos”, como si un click borrara la Ley de Protección de Datos Personales.
Incluso llegó a explicar que “el 100% de las plataformas del mundo tienen vulnerabilidades”. Que bancos, empresas y gigantes tecnológicos también son hackeados. Una comparación ambiciosa para una página estatal que parecía tener seguridad casi obsoleta desde su nacimiento. El mundo digital como excusa perfecta para la desidia analógica.
Prometió “corroborar” con el equipo técnico. Dijo que no había reportes. Que nadie lo alertó. Que, de todos modos, había que tomar medidas. Todo en potencial, todo a futuro. Como la modernización misma.
Mientras tanto, el Boletín Oficial se vuelve cada semana más pesado, más confuso y más lejano a la gente. Lo importante se pierde, lo accesorio se multiplica y la transparencia queda atrapada en un lenguaje que espanta hasta a los más pacientes. Una modernización que no ordena, no simplifica y no informa.
