Ninguna crisis es responsabilidad de una sola persona. La implosión del Partido Obrero arrancó con la salida de Arturo Borelli y continuó con una virulenta versión local de la interna nacional. 

“Con los pies para adelante nos van a sacar del partido”, respondió Claudio Del Plá en una entrevista radial donde le consultaron sobre un comunicado, emitido por la fracción opositora, en el cual, anunciaban (aunque suene increíble) que el histórico dirigente abandonaba el Partido Obrero.

Con esa frase dejó en claro que sigue firme en el espacio político donde viene militando hace décadas, y por el cual se ha peleado con tanta gente y ha logrado persuadir a otros tantos, hasta llegar a transitar la tortuosa pesadilla de la cual parece no despertar todavía. Su partido pasó de tener una significativa cantidad de militantes y un gran caudal de votos a la triste realidad de estos días: solo su esposa, Cristina Foffani y su fiel camarada, Pablo López, lo acompañan y las huestes que lo apoyaban ahora lo critican e incluso lo califican de “patrón de estancia”.

Por su destacada presencia en conflictos sociales y su audacia en los medios, Del Plá se ganó un lugar en la política local. Y por la “manija” sin descanso se ganó un lugar en el pequeño- pero no por eso inexistente- artefacto del PO. Sus declaraciones años atrás eran dinamita contra el poder, sin embargo, con el paso del tiempo y el hecho de repetir más o menos lo mismo, su discurso se fue adaptando, y limitando a consignas históricas, aunque nada concreto.

En el ocaso de su figura llegó al punto de rebajar, en los últimos días, sus intervenciones a responder sobre la crisis (y chusmeríos) que vino ocultando debajo de la alfombra, actitud que lógicamente no fue elegida por él, sino obligado por el interés generado a raíz de la crisis de una organización que se jactó de tener una construcción diferente a la de otros partidos. Es que el dirigente de izquierda se caracterizó por hablar de la crisis de todos los partidos pero nunca sobre la del suyo. Sin embargo, fiel a su estilo, no retrocedió en sus posiciones y minmizó tildando de anécdotas a las denuncias de Violeta Gil, quien aprovechó el momento para despacharse con durísimos ataques contra su ex líder.

En los medios, la joven dirigente dijo frases muy fuertes que seguramente no serán difíciles de olvidar para el eterno candidato (desde los 90 hasta el 2017). Fue mucho más dura que Borelli, quien moderó las palabras al momento de dirigirse respecto a su ex compañero de bancada. Gil denunció que Del Plá “se quería apropiar del partido”, que era parte de una dirección burocratizada, y que “ellos se retiraban del partido, del Comité y de la agenda que se había votado tiempo atrás de la campaña electoral y que ellos desconocían las resoluciones políticas que se habían tomado en la última conferencia electoral que fue el día 6 de Junio”.

Efectivamente, dentro del PO, hay una brutal crisis interna y surge en el marco del debate en  su último Congreso donde quedaron dos bloques: uno con el 80 por ciento de los delegados y otro con el 20 de los delegados. “En ese bloque de minoría, están compañeros como Violeta Gil, Jorge Altamira y otros compañeros que, después de todos los debates congresales obtuvieron esa votación”, según dijo el mismo Del Pla en charla con Opinorte.

“El punto que ha provocado la crisis, sobre todo, no es la existencia de posiciones divergentes dentro del partido, sino la pretensión de este grupo de minoría de desconocer las resoluciones del Congreso. Es decir, ellos quieren actuar con las posiciones que quedaron en minoría, de forma pública y en los medios, tener su propia organización interna, su propia organización, sus propias finanzas, es decir, un partido adentro del partido. Esto no puede ser, porque no tiene que ver con las tradiciones de los socialistas”, deslizó también el dirigente salteño.

“Cuando en un partido obrero se vota, vamos con la posición que aprobó la mayoría. Por supuesto que podemos dar el debate interno, pero este grupo no quiere hacer esto, y esto ha llevado a una escisión en los hechos. Pretenden hacer una campaña electoral con sus propias consignas. Entonces, un grupo de compañeros en Salta hemos decidido reorganizar el Partido Obrero sobre la base de defender la votación de mayoría del congreso Nacional”, dijo.

El quiebre dentro del PO ha afectado, lógicamente, el desarrollo de la campaña electoral, donde Violeta Gil es una de las principales caras (por su precandidatura  a senadora nacional) ademas de ser la apoderada legal del partido.

Según dijo Del Plá, pese a la crisis interna, los candidatos se respetan, aunque en la realidad lleven campañas paralelas, hayan echado del local a “Claudio” y para tener un lugar el histórico dirigente tuvo que cambiar la cerradura del bloque de diputados.

En ese sentido, el diputado provincial dijo de forma categórica que “nosotros estamos llevando adelante la campaña política y electoral que nos hemos propuesto, en el marco del Frente de Izquierda. Por supuesto que Violeta Gil sigue siendo la candidata, además de Nicolás del Caño y Romina Del Plá. (…) lo que defendemos es este punto de vista, mayoritario a nivel nacional en el Partido Obrero y vamos  a desarrollar nuestra propia organización de la campaña y nuestras propias consignas, de acuerdo a lo que se votó en el Congreso”.

Contrario a lo que se pudiese pensar, para Claudio Del Plá, no obstante, la crisis pública que están llevando sus militantes, inclusive al terreno de las redes sociales, no los deja en un mal lugar frente al electorado. Al respecto, se diferencia del resto de los candidatos: “Es una polémica que buscaremos que la población la pueda comprender. Estamos defendiendo un principio elemental de una organización obrera, y en esa campaña electoral buscamos separar a la clase trabajadora de las tres variantes: Lavagna-Urtubey, Macri-Pichetto y Fernández-Fernández. De alguna manera, los usureros han colonizado la elección y la agenda de ellos es una reforma laboral, un ataque al régimen jubilatorio y el sometimiento de todo el país para pagar una deuda que es impagable. La izquierda lo que plantea es separar a la  clase trabajadora de estas alternativas fondomonetaristas, por eso nuestras consignas son abajo el FMI que significa una crítica a todas sus variantes y busca romper con los acuerdos con éste, defender la agenda de las reivindicaciones obreras”.

Mostrándose optimista, o por lo menos intentando serlo pese a la realidad objetiva que lo encuentra solo, señaló que todo esto seguramente tendrá un final feliz: “Seguimos manteniendo divergencias pero es un paso positivo hacer un frente con el MST, que son nuestros términos para ofrecer al trabajador una izquierda unificada en el proceso electoral”.

Mientras, la fracción pública, liderada por una colaboradora suya hasta hace tres semanas no cesa en su intención de cambiar el rumbo de un partido que ya no será el mismo.

Por Alejandro Bustos

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