Más cepo, más controles de cambio. Es lo que anticipó el mercado toda la semana pasada y con mayor convicción entre jueves y viernes. Y ahora, definida la elección presidencial, la pregunta que más se escuchaba era ¿qué puede pasar a partir de hoy con el dólar?

Las reservas cayeron más de u$s3.300 millones en una semana en la que la dolarización y el retiro de depósitos fue progresiva. Sólo el viernes el Banco Central perdió u$s1.755 millones. Se profundizó la salida de depósitos en dólares, al punto de que en algunas sucursales faltaron billetes y el BCRA tuvo que salir en auxilio de los bancos acercándoles unos u$s800 millones de dólares físicos. Ante la falta de billetes, algunos inversores optaron por comprar uruguayos o reales. Cualquier cosa menos quedarse en pesos a caballo del fin de semana.

La intuición marcó el ánimo de los ahorristas. Ante la evidencia de una manifiesta escasez de dólares en el Central, insuficiente para cumplir con las obligaciones de deuda y al mismo tiempo intervenir en el mercado para contener los precios del billete. Las reservas totales son de u$s43.503 millones, pero las de libre disponibilidad no llegarían a u$s6.500 millones. Inclusive hay analistas que opinan que “desde que empezaron a usar los dólares que el FMI había otorgado como fortalecimiento, ya no tiene sentido hablar de reservas de libre disponibilidad”.

Así, sólo parecía quedar una alternativa posible: acentuar los controles, cerrar más el cepo para el acceso a los dólares. Para eso está trabajando desde el jueves en el BCRA el experto en controles y regulaciones, Jorge Rodríguez, a quien se sumó otro exfuncionario, Raúl Planes. De ambos se dice que conocen casi de memoria la biblioteca de circulares del Central.

La siguiente línea de razonamiento es evidente: más restricciones para el acceso a los dólares significan mayor escasez relativa, y a mayor escasez, los precios naturalmente deberían moverse a la suba.

Nadie parece dudar de que la tendencia del billete norteamericano es al alza. El dólar mayorista apenas pudo ser metido dentro de un chaleco de fuerza con las intervenciones del BCRA y las ventas de la banca oficial, quedó en $59,99. Justo por debajo de lo que algunos funcionarios consideraron una barrera psicológica que no debía superarse antes de las elecciones. Pero en las pizarras de Banco Nación saltó 4% a $65 y el número fue mayor en bancos privados y casas de cambio. Y ante la falta de billetes, algunas entidades pusieron valores exagerados para la venta, de modo de disuadir a los compradores.

El dólar blue saltó 8,3% en el día a $75,50. Las otras cotizaciones alternativas dentro del circuito legal también se dispararon. El dólar MEP, que surge del arbitraje de Bonar 24 (AY24) en Bolsa, comprando el título en pesos y vendiéndolo en dólares, resultó en un precio de $77. Y el “contado con liquidación” (CCL), que permite convertir pesos en dólares puestos en el exterior, saltó a $81. Las subas fueron de 5,3% y 5,7% respectivamente, y las brechas con el oficial se catapultaron a 29% y 35%.

Claramente, el comportamiento de los precios está reflejando la percepción del público, las empresas, los bancos y los importadores. No pocas empresas y entidades anticiparon el viernes la liquidación de haberes a los niveles gerenciales, para posibilitar la compra de divisas. Empresas y bancos, a su vez, apuraron la cobertura de posiciones y los importadores trataron de anticipar los pagos al exterior. Todo en un contexto de una oferta restringida, donde los exportadores permanecen ausentes y prefieren no cerrar operaciones a la espera de ver en qué punto se estabilizan las cotizaciones y las decisiones que se adopten desde el Gobierno frente a la compleja situación externa. El único que ofrecía dólares hasta el viernes fue el Banco Central.

La demanda de moneda extranjera se vio favorecida por el desarme de posiciones de las Letras de Liquidez (Leliq). En la última semana no se renovaron 310.000 millones de pesos y el stock de Letras se redujo 28,3%. Las Leliq son la contracara de los depósitos a plazo fijo en pesos que el público efectúa en los bancos, que, a su vez, ante la reducida demanda de crédito, volcaron mayormente en estos instrumentos del BCRA. La buena noticia es que de algún modo se está desactivando lo que se ha dado en llamar “la bomba de las Leliq”. La mala es que el desarme significa materializar la emisión monetaria que estaba oculta detrás de las Leliq, que el año pasado fueron receptáculo de buena parte del stock de las Letras del Banco Central, las tristemente famosas Lebac, para evitar el efecto monetario de su cancelación.

¿Qué puede pasar desde hoy con el dólar? Intuitivamente, con los datos de mercado, puede afirmarse que la tendencia será alcista. ¿Qué tanto puede subir? Eso dependerá de cómo tome el mercado las nuevas restricciones y de cuál será la dimensión del desequilibrio entre la presión compradora y la falta de oferta. Que a su vez son función del grado de confianza de los agentes económicos en el futuro de la moneda. Algo que se logra con un programa económico integral, que quizás no esté disponible por el momento.

Finalmente, la búsqueda de refugio en el dólar no es más que el espejo del rechazo del peso, por su incapacidad para cumplir una de las funciones básicas de cualquier moneda, que es actuar como reserva de valor.

No hay margen para recuperar la confianza. El impacto del desborde cambiario ya comenzó a afectar gravemente el funcionamiento de la economía, no sólo en lo que puede significar en materia de inflación, sino en la virtual parálisis que genera en la actividad. La cadena de pagos está resquebrajada y hay comercios que no están en condiciones de abrir porque no saben a qué precios pueden reponer la mercadería.

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