El profesor adjunto de la Cátedra de Geofísica de la Escuela de Geología de la Universidad Nacional de Salta, Pablo Gómez Martínez, explicó que Salta se encuentra en una región geológicamente activa y señaló que las características del suelo, la ubicación de las construcciones y el cumplimiento de las normas sismorresistentes son factores determinantes para reducir los riesgos ante eventuales movimientos sísmicos.
Los recientes sismos registrados en distintos puntos de la región volvieron a poner en agenda las condiciones geológicas y constructivas de las ciudades ubicadas en zonas de actividad sísmica. En este contexto, desde la Universidad Nacional de Salta se destacó la importancia de conocer las características del territorio y adoptar medidas de prevención frente a un fenómeno natural que no puede ser evitado, pero cuyos efectos pueden reducirse.
El profesor adjunto de la Cátedra de Geofísica de la Escuela de Geología, dependiente de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNSa, Pablo Gómez Martínez, explicó que Salta se encuentra dentro de un contexto geológico activo, asociado a la dinámica de las placas tectónicas y a los procesos de compresión que tienen lugar a lo largo de la Cordillera de los Andes.
“Nosotros estamos en un contexto geológico activo”, señaló el especialista. Explicó que la interacción entre una placa oceánica y una placa continental genera procesos de subducción y movimientos compresivos que producen fallas y acumulación de tensiones, las cuales pueden liberarse mediante movimientos sísmicos.
Gómez Martínez recordó que la actividad sísmica forma parte de la historia geológica de Salta y mencionó como antecedente el terremoto que destruyó el antiguo asentamiento de Esteco. En este sentido, remarcó que los sismos constituyen parte de la dinámica natural de un territorio que se encuentra dentro de una región tectónicamente activa.
Magnitud, intensidad y características del suelo
El docente explicó que para comprender los efectos de un sismo es necesario diferenciar entre magnitud e intensidad. La magnitud está relacionada con la cantidad de energía liberada durante el evento, mientras que la intensidad refiere a los efectos que ese movimiento puede producir en un determinado lugar.
“Un sismo ocasionado en un lugar, con una magnitud, puede a iguales distancias generar distintas consecuencias dependiendo del suelo en el que esté asentada esa ciudad”, explicó.
Las características del terreno pueden modificar la manera en que se transmiten las ondas sísmicas. Por este motivo, dos sectores ubicados a una distancia similar del origen de un movimiento pueden experimentar consecuencias diferentes.
El especialista utilizó como ejemplo el caso de la Ciudad de México, cuya expansión urbana se desarrolló sobre antiguos depósitos lacustres, una condición que influyó en los efectos registrados durante grandes terremotos.
En Salta, explicó, también es necesario considerar las características particulares de cada sector de la ciudad. No presentan las mismas condiciones las áreas asentadas en el Valle de Lerma que aquellas próximas a las laderas de los cerros.
La construcción como factor de prevención
Además de las condiciones geológicas, las características de las edificaciones constituyen un elemento central para reducir la vulnerabilidad frente a los sismos.
Gómez Martínez señaló que en las zonas sísmicamente activas las construcciones deben responder a criterios específicos y contar con las condiciones estructurales necesarias.
“Estamos en una zona sísmicamente activa. No podemos construir al libre albedrío, lo que nosotros queramos, sin tener las precauciones del caso para hacer estructuras que sean antisísmicas”, afirmó.
El especialista advirtió especialmente sobre las construcciones realizadas sin intervención de profesionales capacitados o sin un proyecto adecuado. Explicó que no todas las viviendas cuentan con la participación de un maestro mayor de obra, ingeniero o arquitecto que realice el proyecto y controle su ejecución.
“Hay muchas obras que están hechas simplemente levantando paredes. Un sismo de esta característica podría ser realmente devastador”, sostuvo.
En este punto, aclaró que el análisis específico de las condiciones estructurales de una vivienda corresponde al campo de la Ingeniería Civil y requiere considerar aspectos como el sistema constructivo, los materiales utilizados, el tipo de fundación y las características del terreno.
No todas las zonas presentan los mismos riesgos
El territorio urbano tampoco presenta una vulnerabilidad uniforme. Gómez Martínez señaló que las condiciones geológicas y geomorfológicas pueden generar diferentes escenarios dentro de una misma ciudad.
Como ejemplo, mencionó las zonas próximas al cerro San Bernardo, donde además del comportamiento de las estructuras debe considerarse la estabilidad de las laderas y la posibilidad de desplazamientos de masas de roca y sedimentos.
“Cuando uno desestabiliza las laderas de los cerros, lo que hace es que le está quitando apoyo”, explicó.
El especialista señaló que el cerro San Bernardo presenta características geológicas particulares que deben ser contempladas al analizar posibles escenarios ante un movimiento sísmico. En estos sectores, los efectos no necesariamente estarían vinculados únicamente con las edificaciones, sino también con el comportamiento del terreno.
A nivel regional, Gómez Martínez mencionó además la existencia de grandes estructuras geológicas y fallas, entre ellas el lineamiento del Toro, asociado a la quebrada del Toro.
Sin embargo, aclaró que no es posible anticipar qué falla podría generar un eventual terremoto de gran magnitud, ya que la actividad sísmica responde a un contexto tectónico regional.
Prevención antes que alarma
Frente a la posibilidad de futuros movimientos, el docente planteó la necesidad de abordar la problemática desde la prevención y el conocimiento científico.
“Mientras haya sismos y mientras se vayan liberando estas tensiones, es fantástico que vaya pasando, porque se va liberando de a poquito”, explicó al referirse a la dinámica tectónica. Al mismo tiempo, aclaró que la ausencia de movimientos tampoco permite anticipar la ocurrencia de un gran terremoto.
El denominado silencio sísmico puede ser observado por los especialistas como un período de menor actividad, aunque Gómez Martínez remarcó que tampoco permite realizar predicciones determinantes sobre cuándo ocurrirá un evento de gran magnitud.
Por este motivo, señaló que la población no debe interpretar la actividad sísmica desde el temor, sino desde la prevención.
“No alarmarse, pero sí tener precaución, sí cuidarse y sí tomar las medidas necesarias”, sostuvo.
Monitoreo permanente
El docente explicó que los movimientos sísmicos son monitoreados mediante redes de estaciones sismográficas y geodésicas que permiten registrar los eventos y estudiar el comportamiento de la corteza terrestre.
Las estaciones sismográficas permiten localizar los movimientos y determinar parámetros como el epicentro y el hipocentro, mientras que las estaciones geodésicas registran desplazamientos de la superficie terrestre asociados a la dinámica de las placas.
Estos sistemas permiten analizar tanto los movimientos vinculados con las fallas como los desplazamientos que se producen a escala continental.
Para Gómez Martínez, el conocimiento científico del territorio constituye una herramienta fundamental para la prevención. La ocurrencia de un sismo no puede ser controlada, pero sí es posible reducir parte de sus consecuencias mediante una planificación adecuada, construcciones seguras y el cumplimiento de las normas vigentes.
“Que haya o no haya sismo no depende de nosotros. Las medidas necesarias, sí”, concluyó.
Desde la Universidad Nacional de Salta, el estudio de la dinámica terrestre y de los fenómenos sísmicos forma parte de la formación y la investigación desarrollada en la Escuela de Geología, contribuyendo al conocimiento de las características geológicas del territorio y a la comprensión de los procesos naturales que inciden sobre la región.
