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jueves, mayo 23, 2024

Tierra y Agua, pedían los persas

 

“Tierra y agua”. Con esta frase se presentaron los heraldos del imperio persa a las ciudades griegas de ambos lados del Egeo para exigirles, de forma más o menos velada, su sumisión. Cuando llegó el turno de Atenas (y no de Esparta como pretende la película 300) los dirigentes de dicha ciudad-estado, encabezados por Milcíades, arrojaron a los heraldos a un arroyo que se hallaba al fondo de una quebrada contigua a la Acrópolis, diciéndoles “Allá abajo van a encontrar toda la tierra y el agua que quieran”.

 

Una historia bastante parecida se ha estado repitiendo  en nuestro país desde por lo menos los años 1990. Con la única diferencia que esta vez no se trata de persas, sino de magnates norteamericanos y europeos que ofrecen cientos de millones de dólares a cambio de inmensos pedazos de nuestro territorio y que en la mayoría de los casos, recelan vastísimas reservas de agua potable. Y con la diferencia también que, contrariamente a los antiguos griegos, nuestros dirigentes políticos de turno sí que han cedido, sucumbiendo sin duda a la tentación del dinero rápido y fácil.

Inmensas propiedades han sido vendidas, como todos sabemos ya, a magnates y celebridades extranjeras como Ted Turner, Sylvester Stallone, Christophe Lambert, Joel Lewis, la familia Benetton y Ward Lays entre varios otros tanto en Patagonia como en otras regiones del país. Tales posesiones sumarían una 34 millones de hectáreas según el periodista Fernando Pittaro y comparten un punto común, que es como ya se dijo más arriba, poseer en su interior reservas de agua potable. De manera similar, el ex clan presidencial Bush adquirió en la región chaqueña del vecino país del Paraguay unas 100.000 hectáreas con el objeto de tener una mano sobre el acuífero guaraní,  lo cual parece confirmar que las pretensiones extranjeras sobre los recursos de agua potable latinoamericanos son una realidad tangible.

Y es que en las grandes potencias del hemisferio norte no faltan quienes piensan que América Latina en general es una tierra de nadie que han de repartirse entre ellos.  La Argentina justamente es, de por su extensión su baja densidad de población y su potencial en recursos primarios, una nación fuertemente codiciada  por los capitales extranjeros que sin duda seguirán buscando adquirir terrenos y recursos hasta que, virtualmente, les pertenezca todo.

¿De qué valdrá entonces que nos autoproclamemos un pueblo “soberano”, que tengamos instituciones y gobierno propio si nuestras riquezas, infraestructura, medios de producción o  el mismo suelo que pisamos pertenecen a capitales extranjeros?  ¿Cómo podríamos seguir considerándonos un pueblo soberano y con autodeterminación cuando incluso nuestros propios destinos y el de nuestras generaciones futuras estén regidos por manos extranjeras?

Por ello es urgente que las autoridades nacionales adopten leyes que por un lado limiten el número de hectáreas que se permita poseer toda persona o entidad extranjera y por el otro, que prohíban la adquisición de todo cuerpo o reserva natural de agua dulce por parte de extranjeros. Tales leyes existen ya en Estados Unidos y  Canadá en donde ciertos estados limitan o incluso prohíben la adquisición de tierras por parte de extranjeros y de manera general, prohíben la tenencia de todo recurso de agua no solo a extranjeros, sino incluso a propietarios privados.

En la Argentina esto tampoco es nuevo. Tales reglamentaciones habían sido ya planteadas por Elisa Carrió. Independientemente de la simpatía o antipatía que cada uno pueda tenerle, ha de admitirse que en ese punto tiene enteramente razón y que talvez sea hora de que todos y cada uno de nosotros exijamos y hagamos presión sobre las autoridades nacionales para que tomen el tema en serio y adopten las medidas necesarias para la salvaguardia de nuestra integridad territorial y nuestros recursos más esenciales como el agua. Aquellos que están afiliados a un partido político pueden empezar  a crear, al interior de los mismos, grupos de presión para que obren en ese sentido.

Muchos dirán tal vez que con todos los problemas por los que pasa el país ello no resulta prioritario y tal vez tengan razón. No será quizá una prioridad inmediata pero lo es a mediano y largo plazo. Como van las cosas, ha de temerse

que cuando por fin nos decidamos a tomar el asunto en serio ya sea demasiado tarde y seamos tributarios de alguna multinacional o alguna empresa extranjera al momento de utilizar o incluso querer beber nuestra propia agua.

 

Alexander del Carril (1)

  • (1) Investigador argentino residente en París (Francia)
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