Como el can cerbero, guardián de las puertas del inframundo de Hades en la mitología griega, en el ministerio de Educación de Salta se presenta un cuadro desolador donde las tres principales autoridades no logran trabajar de modo coordinado y hasta suspenden el diálogo durante varios días. ¿Se pueden esperar buenos resultados en ese marasmo?
El Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología de Salta atraviesa una de las peores crisis institucionales en su historia reciente. En los últimos nueve meses, han surgido fracturas internas que han afectado tanto la gestión como la capacidad de respuesta del sistema educativo provincial, derivando en consecuencias preocupantes para las escuelas.
Desde que asumió la ministra de Educación, la abogada Cristina Fiore, las tensiones entre los principales responsables del Ministerio han quedado en evidencia. Fiore, quien lleva nueve meses en el cargo, ha mantenido una relación conflictiva con su secretaria de Gestión Educativa, Estrella Villarreal, que también asumió hace nueve meses, y con la secretaria de Planeamiento Educativo, Analia Guardo, quien lleva casi cinco años en su puesto.
La gestión de Guardo, aunque con mayor experiencia dentro del Ministerio, no ha demostrado una capacidad efectiva para superar los desafíos que enfrenta educación, lo que ha contribuido a generar descontento y fragmentación entre los distintos sectores de la cartera educativa. Las tensiones internas han provocado una falta de coordinación y liderazgo que afecta la toma de decisiones para la educación en la provincia. Su continua y consabida advertencia de represalia en nombre de su amistad con el Gobernador y con el exministro, pareciera ser su único fuerte.
La falta de cohesión ha generado incertidumbre, dejando al Ministerio en una situación de ineficiencia y desorganización que repercute en todas sus áreas.
Este clima de tensiones ha coincidido con una serie de emergencias educativas que han conmocionado a la comunidad salteña. Uno de los episodios más trágicos fue el suicidio de un adolescente en Villa Esmeralda, a esto se suman los incidentes de intoxicaciones en las escuelas, uno en Colegio Miguel Ragone producto de bromas peligrosas, y otro en la Escuela Sarmiento, aún cuyas causas son inciertas, y afectaron tanto a los alumnos como al personal docente.
El intento de abuso por parte de cuatro alumnos de sexto grado de la Escuela Arturo Oñativia del Barrio 20 de Junio, a un niño del primer grado en el mismo, sumado a otro hecho preocupante, la agresión con arma blanca de una alumna hacia otra dentro de la Escuela de Comercio de Embarcación.
El derrumbe de techos en una escuela de Metán a causa de fuertes vientos. Estos incidentes, junto a la trágica muerte de un niño de 11 años al caer en un pozo en Escuela, Nevado de Acay, en La Poma, reflejan la gravedad de la situación, encendiendo la alarma a cerca de la capacidad del Ministerio de dar respuestas y controlar estos episodios.
Frente a este panorama, la gestión de Cristina Fiore se encuentra en un momento crítico. A pesar de los esfuerzos realizados en los últimos nueve meses, los problemas estructurales no han sido resueltos y las tensiones internas han profundizado la crisis.
La comunidad educativa, los padres y los alumnos esperan y exigen respuestas urgentes y acciones concretas para resolver los problemas que afectan su seguridad y una buena calidad educativa.
La situación demanda una reestructuración profunda en el Ministerio, donde se requiere liderazgo claro y coordinación eficiente para superar la crisis actual. El futuro del sistema educativo en Salta dependerá de la capacidad del equipo para superar las marcadas divisiones internas, reforzar la infraestructura y promover acciones que aseguren un entorno adecuado para todos.
