Funcionarios provinciales y municipales volvieron a ocupar ubicaciones VIP durante la procesión, mostrando su distancia con la gente de a pie.
En torno a la festividad del Milagro en Salta, una de las celebraciones religiosas más antiguas e importantes del país, se ha generado una creciente polémica sobre los espacios VIP reservados para miembros de la política local. A lo largo de los años, este evento ha convocado a miles de fieles que, con devoción, y desde todos los rincones de la provincia, se acercan a participar de las misas, procesiones y demás actos religiosos. Sin embargo, lo que llamó la atención en los últimos años es la disposición de sectores exclusivos para las figuras políticas, alejadas del fervor popular.
Estos espacios VIP, con mejores comodidades, son ocupados por funcionarios provinciales y municipales, diputados, senadores y concejales. La distinción entre los “dirigentes” políticos y el resto de los fieles ha causado malestar entre algunos asistentes, quienes consideran que la esencia de la festividad debería estar basada en la igualdad ante la fe y no marcada por los privilegios.
La crítica principal es que estos sectores reservados transmiten un mensaje de separación entre los gobernantes y el pueblo, lo cual contrasta con los valores de humildad y unión que promueve la festividad y que pidieron sostener desde la Iglesia.
Mientras algunos defensores de estos espacios de exclusividad argumentan que se trata de una cuestión de protocolo y seguridad, otros sugieren que es un reflejo de cómo la casta política, en ciertos ámbitos, prioriza el estatus por encima de la comunión con el pueblo.
A medida que la polémica continúa, surgen llamados desde algunos sectores de la sociedad para que las autoridades políticas renuncien a estos privilegios -por lo menos- durante el Milagro, y opten por participar de las celebraciones de manera más igualitaria, como un gesto de respeto hacia la tradición religiosa y el sentir popular.
