La de hoy duró 56 minutos, pero contó con un cuarto intermedio de 15 minutos y una manifestación de 16 minutos.
Desde hace tiempo el Concejo Deliberante se muestra como el fiel exponente de la decadencia de la política salteña. Al desastroso nivel del debate ahora se le suma la falta de proyectos, la pereza y el desinterés por hacer una ciudad mejor. Las sesiones son muchas más cortas y menos productivas.
La debacle en el nivel argumental de los ediles no es nueva, pero se profundizó notoriamente en la conducción de Darío Madile, que ya transita su tercer periodo al frente del cuerpo deliberativo municipal. Se puede apreciar un desinterés evidente de algunos ediles y una torpeza notoria de otros.
La situación es preocupante porque lo que antes se concebía como un espacio clave para la discusión y resolución de problemáticas locales ha perdido dinamismo y profundidad. La falta de propuestas innovadoras y el escaso abordaje de temas relevantes para la comunidad han hecho que estas reuniones se vuelvan rutinarias y poco productivas.
En varias ocasiones, las sesiones se limitan a tratar asuntos formales o a aprobar proyectos que carecen de impacto significativo para la población.
De hecho, la sesión de esta tarde duró 56 minutos, pero contó con un cuarto intermedio de 15 minutos y una manifestación de 16 minutos. Es decir, tuvo un tiempo neto de debate de menos de 25 minutos.
Es fundamental que el cuerpo legislativo recupere el espíritu crítico y la voluntad de servicio, promoviendo debates de fondo que atiendan las verdaderas necesidades de la comunidad. De lo contrario, la pérdida de interés en las sesiones seguirá creciendo, debilitando una de las herramientas más esenciales de la vida institucional de la ciudad.
