Al llegar a la cima, lo primero que llama la atención es el deplorable estado de las cascadas artificiales. Teñidas de verde sucio, el agua turbia que sale emana un olor nauseabundo.
El espacio está cubierto de suciedad, de trozos de basura que se dispersan, pero ignorados por aquellos responsables de la limpieza. El aire, que debería ser fresco está impregnado con la putrefacción de las aguas y el olor que sale de los baños. Y como si esto no fuera todo, la oferta de servicios en la cima del cerro es limitadisima.
La única opción para reponer fuerzas es un pequeño kiosco y una confitería cuyo trato es tan indiferente como alguien que no le interesa el rubro.
La atención, por decir lo menos, es descuidada. Los turistas, que llegan con la esperanza de encontrar algo que compense la subida, se encuentran con un servicio deficiente y una falta de calidad que deja mucho que desear.
Así lo reflejan varios comentarios en el sitio TripAdvisor: “Da una buena vista panorámica de la ciudad, pero la cima está muy descuidada, sucia, abandonada”, escribió un visitante. En varias opiniones se repite constantemente entre aquellos que, al llegar a la cima, se encuentran con un lugar abandonado.

Otro comentario, que refleja el mal estado generalizado del lugar, señala: “Hermosa vista de la ciudad de Salta desde las alturas, pero al llegar tienes solo dos opciones para tomar algo: un kiosco o una confitería, mal atendido y con pocas opciones”.
La desorganización también es evidente en el teleférico. “La organización para subir al teleférico fue pésima. Realizamos una fila de 4 horas”, lamenta otro visitante, que hace un llamado de atención sobre las largas esperas se han convertido en una constante para aquellos que buscan acceder al cerro de manera rápida. “Sería conveniente agilizar el acceso poniendo a disposición más boleterías y/o reservas virtuales”, sugiere.
Un comentario más deja al descubierto una grave falta: “Después de consultar por mail si era accesible para silla de ruedas y confirmarnos que sí lo era, después de caminar media hora para llegar, nos dimos cuenta de que de NINGUNA MANERA ES ACCESIBLE PARA SILLA DE RUEDAS”.

El principal responsable de este crimen contra un lugar central del turismo no es otro que Ángel Causarano, actual director del complejo Teleférico, un hombre nombrado a dedo por ser amigo del gobernador, sin ninguna capacidad ni preparación.
Refleja en parte que la amistad no va de la mano con la competencia para cargos importantes: el ex concejal no tiene la más mínima idea de cómo mantener ni mejorar el servicio que debería ofrecer el cerro.
La falta de visión y de compromiso se expresa, desde las interminables filas hasta la total ausencia de mejoras o inversiones. “La organización para subir al teleférico fue pésima, realizamos una fila de 4 horas”, denuncian cientos de turistas
Y si Causarano es el rostro visible de este abandono, la Municipalidad de Salta no se queda atrás. Con su responsabilidad compartida en la gestión del cerro, ha brillado por su total ausencia. Las tareas más básicas de mantenimiento y limpieza, que deberían ser su prioridad, se encuentran totalmente olvidadas.
