El brote de alcoholismo se instaló en el tránsito salteño.
Por Rodolfo Ceballos (*)
La comunidad salteña no está protegida del consumo abusivo de la sustancia entre los conductores. En las alcoholemias tomadas por la Policía Vial y la Subsecretaría de Seguridad Vial del municipio, se encontraron más de 500 conductores con alcohol en sangre. La muestra, esta vez, abarcó a 2.298 infractores a distintas obligaciones viales. El 25 por ciento de ese total, estaban alcoholizados.
La cantidad de casos de consumo problemático del alcohol constituye un brote. Pero no está considerado como tal para que el área de la salud mental se ocupe de la patología en forma interinstitucional.
La cultura salteña pro alcohol, las nulas medidas de prevención para su consumo abusivo y las sanciones solo patrimoniales a los infractores, predispusieron ese brote en las calles salteñas. Quedó demostrado que las alcoholemias solo con medidas punitivistas al bolsillo y al vehículo de los conductores, no dieron resultados porque aumentan los irresponsables al volante. Se impone a este riesgo vial la oportuna intervención de Salud Mental. En los días de carnaval se detectaron más de medio millar de infractores, en pocas horas.
En el Tribunal de Faltas, señalaron que «Mientras más controles de alcoholemia se hacen, más resultados positivos encontramos. Es un trabajo constante y necesario». ¡Increíble! la conclusión administrativista que se da a la prensa. El Tribunal espera que el brote siga con más casos. Conoce la idiosincrasia transgresora de los alcoholizados y sale a cazarlos para aplicar multas enormes con voracidad recaudatoria. No se entiende que en Salta se consume alcohol con un patrón peligroso para la salud. Este tipo de consumo de riesgo se asocia con diversos daños a la salud y sociales, que incluyen más de 200 condiciones (enfermedades no transmisibles, trastornos mentales, las lesiones y el VIH), así como la violencia doméstica, la pérdida de productividad, y muchos costos ocultos. Salud Mental no explica esto a la población con la misma energía que el Tribunal de Faltas contabiliza autosatisfecho las multas que suman dinero a las arcas del Estado. Tampoco salud pública busca que el fiscalizador vial, coparticipe lo recaudado para hacer un programa interinstitucional y comunitario contra el alcoholismo al volante.
Ese programa bien fondeado, evaluado y ejecutado, aumentará la capacidad de los servicios de atención primaria de salud mental para brindar detección, diagnóstico, tratamiento y atención de seguimiento continuo integrales y de calidad de las enfermedades no trasmisibles, incluidos servicios de derivación y contrarreferencia.
El Tribunal de Faltas, Salud Mental, Seguridad Vial del municipio y la Policía Vial, ¿se habrán reunido para conversar siquiera este consumo problemático? Y si lo hicieron, no publicitaron las conclusiones del encuentro.
Tal vez no compartan una definición sanitaria común del alcoholismo, y cada oficina burocrática juegue al andón pirulero donde cada uno atiende su supuesto eficientismo propio. Este hiperindividualismo institucional desarticuló la buena práctica sanitaria con vista a diseñar un programa, de alto impacto comunitario, contra el alcoholismo en el tránsito.
Si se comparte que el alcoholismo es el “deterioro en el funcionamiento físico, mental o social de una persona, cuya naturaleza permita inferir razonablemente que el alcohol es una parte del nexo causal que provoca dicho trastorno”, según la Organización Mundial de la Salud (ninguneada en Salta por el Ministerio de Salud), la unidad programática y la unidad de acción serían estratégicas, y el brote no sería negado ni transformado en importante generador de multas.
Ponerse este brote en los hombros de forma interinstitucional, es un trabajo y un desafío que fortalecerá la recopilación de datos y el seguimiento del diagnóstico, el tratamiento y los resultados de la atención de los multados e infractores. No alcanza con pagar la multa, es necesario que el infractor mejore psicoterapéuticamente su condición de bebedor de riesgo.
Los estándares internacionales indican que el alcoholismo se encuentra relacionado con el 40-50% de los accidentes de tráfico, el 15-20% de los accidentes laborales, el 50% de los homicidios, etc. Es importante recordar que todo alcoholizado al volante es un temerario, característica psicológica del buscador de riesgos y peligros que le dan sentido a su vida. Y ese alcoholizado maneja sin responsabilidad, sin pensar demasiado en las consecuencias, priorizando la acción sobre la reflexión.
Desde la salud mental con políticas públicas coherentes es posible detectar los factores macro que condicionan las elecciones individuales y dan lugar a determinados comportamientos. Con la cantidad de expedientes tramitados en el Tribunal de Faltas por causa de la alcoholemia (entre 60 y 500 casos, de acuerdo al tipo de fin de semana), es hora también de la promoción y prevención para contener el brote.
(*) Periodista especializado en psicología y salud mental
