La dirigenta salió a “celebrar” los resultados de la elección, pero año tras año su caída es más notoria. A pesar de ello, quiere presentarse en los comicios nacionales.
La dirigente salteña Verónica Caliva atraviesa una de las etapas más críticas de su carrera política. Con cada elección, sus resultados son aún más magros. Pero, lejos de tomar distancia para replantear el rumbo, insiste en competir una y otra vez. En los últimos comicios, volvió a cosechar una cifra marginal, confirmando una tendencia descendente que ya se ha vuelto estructural.
Caliva fue diputada nacional gracias al apoyo popular que tuvo el kirchnerismo en 2019. Entró segunda en las listas del Frente de Todos, por detrás de Lucas Godoy, que había ganando la interna, y aprovechando el “cupo” femenino, desplazando a Jorge Guaymás, quien había sido el que encabezaba la lista. El apoyo popular que recibió Sergio Leavy, aspirante al Senado en ese momento, fue grande y así llegó Caliva a Diputada.
Pero la realidad le tocó la puerta a Caliva: sin el apoyo de los principales dirigentes ahora ve cómo su base electoral se achica en forma considerable. Se sintió dueña del frente, pero todo resultó menos que una pretensión. Ni los cambios de estrategia ni las alianzas ocasionales han revertido el desencanto que gran parte del electorado expresa hacia su figura. Para muchos, representa una política desconectada de las nuevas demandas sociales y anclada en un discurso que ya no interpela a los votantes.
En Salta, su nombre no moviliza ni entusiasma, y en los círculos políticos locales se preguntan qué motiva a Caliva a sostener su candidatura en medio de derrotas reiteradas. Mientras tanto, surgen nuevas figuras dentro del progresismo que buscan ocupar el espacio que ella se resiste a dejar libre.
En estas últimas elecciones, la dirigenta de Partido Comunista Revolucionario, que ahora dice responder por el PJ, obtuvo solo 7194 votos. En las del 2023 sacó 11 mil, profundizando la debacle.
Aunque el ejercicio democrático permite que cualquiera se postule, la insistencia de Verónica Caliva en competir parece hablar más de una apuesta personal que de una estrategia política realista. Los resultados siguen siendo contundentes: el electorado salteño le da la espalda, elección tras elección.
