Como si fuera una estrella, Sáenz volvió a subirse a un escenario mientras la realidad golpea cada vez más fuerte: hospitales colapsados, escuelas destruidas y un mercado laboral que expulsa al trabajo formal. Una postal que duele y contrasta con la frivolidad del mandatario.
No es la primera vez que Gustavo Sáenz aparece en un escenario micrófono en mano, entonando alguna canción popular, como si se tratara de un artista consagrado. Pero cada vez que lo hace, la imagen genera más indignación que simpatía. Mientras el gobernador “se luce” en festivales y eventos, la provincia enfrenta problemas estructurales cada vez más graves.
La aparición en un escenario con artistas consagrados, como si fuera parte de ellos, de Gustavo Sáenz se dio anoche en el aniversario 101 de la ciudad de Tartagal.
En tanto, la salud pública está en una situación crítica. Faltan insumos, hay hospitales sin médicos especialistas y los turnos se otorgan con meses de demora. La infraestructura hospitalaria está en decadencia, con edificios sin mantenimiento y profesionales de la salud que reclaman por condiciones laborales dignas. Pero nada de eso parece alterar el humor festivo del mandatario.
La educación tampoco escapa al deterioro: en toda la provincia hay escuelas con techos que se caen, sin agua potable, con baños clausurados y alumnos que deben estudiar en condiciones indignas.
A pesar de esto, no se ve una política seria para revertir esta situación. Los gremios docentes siguen denunciando el abandono, mientras la dirigencia política canta en los escenarios.
En materia económica, la informalidad laboral alcanza niveles alarmantes. Cada vez más salteños sobreviven con changas, trabajos precarios o directamente en la desocupación. El empleo estatal, muchas veces utilizado como red de contención, tampoco da respuestas, con salarios de pobreza y contratos temporarios que se renuevan sin estabilidad.
A esto se suma una creciente sensación de inseguridad, barrios absolutamente postergados. Lejos de brindar soluciones, el Gobierno se encierra en la propaganda y en la exposición pública de un gobernador que parece más preocupado por la popularidad que por la gestión.
La imagen de Sáenz cantando mientras todo se desmorona se convierte en una metáfora cruel de la provincia. Un show permanente para las cámaras, pero sin respuestas concretas para la gente.
En Salta, mientras el mandatario afina la voz, o lo intenta, miles de ciudadanos pierden la esperanza de un futuro mejor.
Susana Del Frari
