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domingo, agosto 16, 2026

Siguen aplicando la motosierra en la UNSa: Nina ahora cerró la Orquesta Típica

El rector de la universidad pública salteña avanza con los recortes. En sintonía con las políticas de vaciamiento, desmanteló un proyecto artístico y pedagógico de excelencia.

La motosierra del ajuste no solo arrasa con los trabajadores, jubilados, con ministerios, planes sociales o fondos educativos: también apaga la música. En un acto de vaciamiento tan opaco como brutal, la nueva gestión de la Universidad Nacional de Salta, encabezada por el rector Miguel Nina, cerró de hecho la Orquesta Típica Característica, un proyecto cultural y académico que había sido creado por resolución rectoral en 2023 y que simbolizaba una forma distinta de hacer universidad, vinculada con el arte, la identidad local y la producción colectiva.

La Orquesta, que funcionaba bajo el Programa de Incentivo a las Vocaciones Artísticas y Culturales, fue disuelta sin resolución formal, sin aviso a sus integrantes, y sin ningún tipo de explicación pública.

Desde junio, la gestión Nina suspendió los pagos a su equipo directivo, incumpliendo contratos vigentes hasta diciembre de 2025, e ignorando todos los procedimientos legales que exige la baja de un proyecto institucional. La Universidad simplemente dejó de pagar. Y con eso, dejó morir.

La motosierra del rector Nina es tan parecida a la de Milei que se aplica, en gran medida, en los lugares más débiles de la cadena. No se utiliza en los nombramientos, ni mucho menos en los sueldos de los principales funcionarios de la universidad. El presupuesto que sostenía a la Orquesta era menor al millón de pesos mensuales, muy por debajo del salario del rector y su entorno.

Según se conoció, no se pagaba a los músicos -quienes tocaban con sus propios instrumentos y en muchos casos ad honorem-, sino apenas a un equipo técnico que coordinaba la estructura. A pesar de esa precariedad, el proyecto logró consolidar un repertorio propio, rescatar obras inéditas, formar músicos y funcionar como un puente entre la universidad y la comunidad. En una de sus actuaciones más destacadas, estrenó una obra póstuma de Gustavo «Cuchi» Leguizamón que fue adoptada como himno institucional por la UNSa.

El cierre no puede entenderse por fuera del ajuste feroz impulsado desde el Gobierno nacional, que recortó presupuesto a universidades, paralizó programas y vació las partidas destinadas a educación y cultura.

Pero el vaciamiento cultural no es solo económico: es político y simbólico. Al cerrar la Orquesta, se borra un espacio de creación, de aprendizaje y de memoria. Se cancela una política pública que funcionaba, que daba resultados y que articulaba con otras instituciones de Salta. Y se hace con la peor de las formas: sin dar la cara, sin resolución, sin asumir el costo.

“Esta profunda miopía cultural y muy baja altura de miras son síntomas de una administración que concibe la cultura como un gasto prescindible y no como una inversión esencial en capital simbólico, cohesión social y formación integral”, señaló el doctor en Fïsica y músico, Flavio Geréz, a través de una carta abierta.

Para Geréz, la medida que implementó Nina representa “una traición al patrimonio cultural. La UNSa tiene la obligación ineludible de ser custodio y promotor activo de la cultura regional y nacional. El lema de la Universidad reza ´Mi sabiduría viene de esta tierra´. La Orquesta era un instrumento concreto para cumplir este mandato. Su cierre es una abdicación de esta responsabilidad, un desprecio hacia las expresiones musicales que constituyen la columna vertebral de la identidad argentina”.

En tiempos en que la motosierra del ajuste parece justificarlo todo, el silencio también es una forma de violencia. Y lo que está en juego no es solo una orquesta: es el rol de la universidad pública, su vínculo con la cultura, y su compromiso con una sociedad más justa, más crítica y más sensible.

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