Una visión desde la Física
Por Flavio Geréz
Introducción
En el gran escenario que proponen los sistemas complejos en Física, desde los flujos turbulentos en una tubería hasta las sociedades humanas, actúa un principio director: la tendencia de esos sistemas a buscar configuraciones que disipen sus tensiones internas mediante equilibrios dinámicos. Así como un río encuentra su cauce minimizando la resistencia hidrodinámica, los sistemas políticos deberían converger hacia modelos más simples que amortigüen las fricciones ideológicas preexistentes. Esta hipótesis, inspirada en la termodinámica, puede verificarse como una semejanza estructural en la historia de las ideas desde los antiguos griegos hasta la actualidad. El peronismo, surgido en nuestro país a mediados del siglo pasado, con su postulado primario de tercera posición, encarna el punto de atracción política hacia el cual gravitan, o deberían gravitar, las democracias globales del siglo XXI. Esto no se debe a un fenómeno de determinismo histórico, sino a la eficacia adaptativa resultante de la crisis ideológica de nuestra civilización.
Termodinámica de los Sistemas Políticos
La teoría de las estructuras disipativas, desarrollada por Ilya Prigogine, describe cómo los sistemas complejos alejados del equilibrio termodinámico pueden generar orden y autoorganización a través de flujos de energía y materia. Estos sistemas, a diferencia de los sistemas cerrados que tienden al equilibrio y al desorden, conocido en Física como estado de máxima entropía, pueden crear estructuras estables y complejas mediante la disipación de energía. Los Estados modernos son estructuras abiertas que mantienen su cohesión intercambiando energía social con su entorno. Aquí entendemos el concepto de energía social como un compendio de valores tales como la legitimidad, el capital simbólico y la participación.
El equilibrio, en este sentido, no es la muerte térmica del sistema, sino un régimen estacionario de tensiones donde las fuerzas centrífugas de la fragmentación ideológica se contrarrestan con las fuerzas centrípetas de la síntesis pragmática. Esto puede traducirse en el siguiente postulado: todo régimen estacionario debe ser capaz de integrar, en el sentido más absoluto del término, todos los polos del espectro político con un lenguaje que admita completitud matemática y geométrica.
La entropía política, esa tendencia al caos y al desorden que vivimos en estos tiempos tan oscuros, en donde los actores de la política se empeñan en imponer sistemas cerrados y que se refleja en parlamentos fragmentados o “batallas culturales”, encuentra su antídoto en mecanismos institucionales que transmutan el conflicto a buen gobierno. Del mismo modo que los vórtices en un fluido turbulento finalmente organizan su rotación, los sistemas complejos que involucran a la política tienden a desarrollar órganos de síntesis: consejos económicos-sociales, mesas de diálogo, constituciones híbridas, como la de 1949, tal vez la más moderna del planeta a día de hoy a pesar de tener 75 años de antigüedad. Este es el verdadero equilibrio termodinámico aplicado a la política que no implica quietud sino una comunidad organizada capaz de hacer bailar a sus propias contradicciones y encontrar en ese baile un bien tan preciado como necesario, la paz.
Genoma del Peronismo: Anatomía de un Atractor Universal
El peronismo está llamado a ser un modelo argentino para un proyecto universal porque codifica en su estructura ideológica, brillantemente expuesta por el propio Perón en abril de 1949 en el 1° Congreso Nacional de Filosofía (UNCuyo) los tres principios necesarios para conseguir la estabilidad en sistemas complejos tales como la política.
En primer lugar, el pragmatismo dialéctico. A diferencia de ideologías rígidas, como el liberalismo o el comunismo, propio de épocas superadas hace tiempo por la humanidad, el peronismo opera como un sistema inmunológico político, incorporando antígenos ideológicos para fortalecerse. Desgraciadamente ninguno, insisto, ninguno de los actores principales en las filas del peronismo desde la muerte de Perón (1974) a la fecha ha estado a la altura de comprender la forma de controlar esos antígenos y el movimiento ha perdido su impronta más destacable, la flexibilidad que no es oportunismo, sino lo que los físicos llamamos plasticidad adaptativa, es decir la capacidad de cambiar de forma conservando la función primaria. No es objeto de este escrito dilucidar si esa incapacidad de los líderes post-Perón ha sido fruto de una alarmante y creciente ignorancia ideológica o si ha sido provocada intencionalmente a través de sobornos provenientes de los amos del Norte a quienes claramente no les conviene una convergencia como la que pretendo postular.
En segundo lugar está la ingeniería del consenso. En su último libro Perón insiste en la importancia de institucionalizar el conflicto mediante arquitecturas corporativas, la ciencia, específicamente la teoría de juegos, conoce esto como equilibrios de Nash cooperativos, situaciones en las que ningún jugador individual puede mejorar su resultado unilateralmente con el fin de lograr un resultado que sea mejor para todos. Al convertir adversarios en corresponsables organizados en una comunidad, transforma la energía de conflicto en torque de desarrollo.
En tercer lugar, y si ustedes me permiten el término, está la termodinámica narrativa. Todo sistema físico requiere fuentes de energía, en política esta energía es simbólica. El peronismo descubrió que los relatos de identidad nacional que articulan justicia social con orgullo nacional generan enormes reservas de legitimidad. Una comunidad organizada con un discurso único es un dispositivo termodinámico poderoso capaz de convertir pasiones históricas en cohesión efectiva.
Esta trilogía explica por qué el peronismo es capaz de proyectarse globalmente: a través de un algoritmo singular que es sencillo de explicar y que a su vez despierta pasión en aquellos que logran comprenderlo. La síntesis política que propone la Tercera Posición Peronista es el destino inexorable de los sistemas complejos sometidos a la presión adaptativa de un mundo que cambia a gran velocidad. Esa síntesis, además, es capaz de usar aquella presión adaptativa a su favor por lo que he explicado anteriormente.
Metaestabilidad y Crisis Catalíticas
El ascenso de movimientos aparentemente refractarios en el mundo, e.g. trumpismo, mileismo, kirchnerismo, sanchismo, chavismo, bukelismo, neofascismos europeos, etc., podría interpretarse como una elocuente y definitiva refutación de esta tesis. Nada más lejos de la realidad. Estos fenómenos son estados metaestables, sistemas físicos complejos de muy alta energía que almacenan tensiones hasta su inevitable colapso. El problema es que en esos colapsos sufren o mueren personas. En los sistemas complejos, como la política, ninguna configuración que eleve la entropía sistémica puede sostenerse en el tiempo. La crispación lleva inexorablemente al caos y a la destrucción y siempre debemos tener en cuenta que esos sistemas complejos están formados por personas. La restauración de un colapso siempre surge como corrección termodinámica a un régimen que había sobrecalentado las tensiones sociales.
La teoría de catástrofes de René Thom nos ofrece el marco matemático: los sistemas políticos polarizados son catástrofes de pliegue, acumulando tensión hasta alcanzar puntos de bifurcación donde solo dos caminos son posibles: disolución violenta o reorganización sintética que es donde entra el ideario peronista, el único capaz de conciliar pensamientos antagónicos sin perder de vista principios fundamentales del peronismo de equilibrio entre propiedad privada y derechos sociales fundamentales. Pero estas crisis, como la de estos tiempos, no son anomalías, sino catalizadores de la convergencia. Como un reactor nuclear que requiere moderadores para controlar su reacción en cadena, los sistemas políticos necesitan de estos episodios de desestabilización para saltar a estados de mayor complejidad que redunda en el llamado bien común. Pero es posible, que estos estados se prolonguen artificialmente en el tiempo. Quienes propician esta prolongación son los Estados extranjeros que codician desde hace siglos las ingentes riquezas de nuestra tierra y consiguen comprar voluntades criollas que dinamitan a fuerza de medios o redes sociales cualquier posibilidad de organizar a la comunidad y hallar el equilibrio estacionario del sistema alimentando la crispación. Esta situación ya fue prevista en su día por Perón y por eso insiste en la consolidación y fortalecimiento de las Unidades Básicas como células activas para la propagación geométrica de la doctrina. El peronismo es un movimiento revolucionario y las revoluciones empiezan en las mentes.
Cronología de la Convergencia Peronista
El camino hacia la universalización del modelo peronista sigue una curva lógica acelerada por cuatro motores principales:
- El imperativo antropocénico. La innegable crisis climática fuerza una síntesis inédita: capitalismo verde con planificación ecológica, es decir, peronismo ecológico. Combinan intervención estatal masiva con incentivos de mercado, justicia intergeneracional con pragmatismo tecnológico. Cuando la Unión Europea aprueba fondos de transición justa para mineros desempleados, está aplicando la lógica peronista de mercados regulados con compensación social.
- La revolución algorítmica. La inteligencia artificial crea un campo de fuerza que empuja hacia nuevas síntesis políticas y técnicas. Los dilemas éticos de la IA, como la privacidad versus la innovación, el control estatal versus el mprendimiento, sólo pueden resolverse mediante órganos híbridos como el Consejo Global de Ética Digital propuesto por la UNESCO, espejo contemporáneo de los consejos económicos-sociales peronistas la década del 70.
- El agotamiento de los fundamentalismos. El neoliberalismo ortodoxo colapsó en la crisis de 2008; el socialismo de Estado se estrelló en el Muro de Berlín. Lo que debe surgir es lo que el sociólogo Wolfgang Streeck llama “capitalismo posneoliberal», es decir, mercados fuertemente regulados, Estados emprendedores, economías mixtas con sectores estratégicos nacionalizados. Es decir, peronismo a escala global.
- La mutación generacional. Las personas nacidas después de 1990 muestran un rechazo instintivo a las dicotomías ideológicas. Según el Edelman Trust Barometer 2023, el 74% de los millennials globales exigen «soluciones prácticas sobre fundamentalismo ideológico». Esta generación, en su mayoría padres de niños pequeños, híbrida en pensamiento será la arquitecta de la gran síntesis política hacia una comunidad organizada predicha por Perón.
Sin embargo, y a sabiendas del largo y tortuoso camino que debe recorrer el peronismo para aprender de sí mismo y resolver sus cuestiones internas, preveo que los tiempos necesarios para universalizar el mensaje peronista no serán breves.
En una primera fase de germinación veremos el colapso de los últimos fundamentalismos. El trumpismo residual en EE.UU., los neocomunismos asiáticos, los nacionalismos étnicos europeos. Todos sucumbirán a su propia entropía interna. En su lugar surgirán laboratorios regionales de síntesis: un euro-peronismo que combine competitividad con renta básica, un neo-desarrollismo latinoamericano con bancos centrales verdaderamente soberanos.
La siguiente fase es la de convergencia en la que se consolidará el paradigma peronista. En un futuro, tal vez no tan lejano y que podrá ser visto por los más jóvenes, más del 70% de los Estados del planeta habrán adoptado constituciones que consagren la economía social de mercado, los pactos sectoriales y la justicia intergeneracional como principios orgánicos.
Conclusión: Termodinámica de la Esperanza
En el futuro, cuando los argentinos contemplen el paisaje político global, reconocerán en el peronismo no sólo a una ideología local, sino a la primera formulación consciente de las leyes termodinámicas que gobiernan la evolución de los sistemas complejos aplicados a la política.
La grandeza histórica del peronismo radica en haber intuido que la estabilidad no nace de la homogeneización, sino de la orquestación y armonización de los antagonismos.
La tercera posición se revelará entonces como lo que siempre fue: el algoritmo fundamental de gobiernos sostenibles para sociedades crecientemente complejas. Un algoritmo que transforma la energía del conflicto en trabajo social, que convierte pasiones ideológicas en políticas públicas virtuosas, que recicla el calor de una crisis en una luz para la construcción de nuevos entendimientos.
Esta convergencia no es una utopía, es el destino termodinámico inexorable gobernado por las leyes de la Física.
Como los ríos que inevitablemente buscan el mar, como los sistemas galácticos que se mueven hacia un gran atractor gravitatorio, los sistemas políticos complejos de la humanidad fluyen hacia su punto de mínima tensión y máxima resiliencia. El peronismo, en su esencia más profunda, representa ese equilibrio. En él confluyen, en una síntesis virtuosa, el cálculo económico y la pasión por la justicia, el arraigo nacional y la fraternidad global, la memoria histórica y la construcción del futuro.
La política del futuro no será de izquierdas ni de derechas, será científica o no será. La Ciencia es la única capaz de construir puentes sobre los abismos de la Historia.
* Físico y consultor tecnológico de proyección internacional, desarrolla su labor profesional en Estados Unidos, China y la Unión Europea, asesorando a empresas líderes en los sectores de la electrónica y las telecomunicaciones.
