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miércoles, septiembre 9, 2026

Del Frari impugnado: se le complicó la mudanza de oficina

La concejal Agustina Álvarez presentó una impugnación contra la postulación de Martín del Frari al cargo de Defensor del Pueblo. 

Si alguien quiere entender cómo funciona la política domestica, que mire el caso de Martín Del Frari. Pasó por Leavy, el kirchneismo y, ahora va de la mano de Sáenz y su armado multicolor «Primero los Salteños», que más que un frente parece un Frankenstein de conveniencias.
Ahora renuncia al Concejo Deliberante para seguir su postulación como Defensor del Pueblo. Tiene mucha expectativas de tener oficinita, el sueldito y los cuatro años sin pasar calor ni pedir votos.

Martín Del Frari, entendió lo fundamental de la fauna local: no se trata de representar a nadie más que a sí mismo. Fue opositor mientras le servía. Hoy se abraza con los que ayer acusaba. ¿Mañana? Donde le den algo. Un puesto, un AP, una dieta mensual.

No son pocos los que dicen que renunció porque seguro le prometieron algo. Entretanto, apareció una impugnación presentada por la concejal Agustina Álvarez, que señala “incompatibilidades flagrantes”.

La edil recordó que la ordenanza 14505 regula el acceso al cargo y establece limitaciones claras: quienes ocupen un cargo electivo o público, o tengan vínculos familiares con concejales, no pueden postularse. “Si no puedes tener vínculos familiares con los concejales, imagínate haber sido concejal hasta hace 10 minutos”, indicó.

Y sí, claro que hay incompatibilidades. Pero él sigue. Avanza. Insiste. Porque en el fondo, es el típico político salteño del siglo XXI: sin convicciones, con mucha ambición de hacer crecer su patrimonio, y con aval de arriba.

El ex concejal que tenia una vinería en Mitre y Ameghino, un detalle que demuestra que siempre busca un lugar para “hacer caja”, en sentido literal y figurado, podríamos decir que resume el arquetipo del 100% buscador de cargos

Lo peor es que no es el único. Pero está sumando puntos en el campeonato de los más descarados.

En modo concejal pugilístico, después en versión moderada, ahora en modo oficialista obediente, y dentro de poco tal vez en modo «soy Defensor del Pueblo», sin ponerse colorado, esta cerca de ser premiado de nuevo porque en Salta si cambiás de bando tres veces, te premian. Y si encima sabés callarte cuando hay que callarse, te dan un puesto.

Del Frari no es un error del sistema. Es el manual vivo del político salteño promedio: ambición sin límites y lealtad al que reparta mejor.

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