En modo campaña, el gobernador ahora juega de opositor audaz. Se queja de “la casta en las listas” del presidente que, hasta ayer, aplaudía. Durante meses puso a sus diputados al servicio de la motosierra; hoy ensaya distancia.
La política salteña siempre sorprende y muchas veces deja postales de oportunismo que merecen museo. Gustavo Sáenz, el mismo que se mostraba como “el gran dialoguista” y un socio estratégico de Javier Milei, hoy se viste de crítico. Dice, con tono indignado, que “la batalla cultural era contra la casta, y la casta está en sus listas”. Curioso descubrimiento, justo ahora que la ola libertaria -parece- empieza a retroceder.
Hasta hace unos días atrás, los diputados nacionales referenciados en el Grand Bourg votaban con disciplina quirúrgica cada proyecto que la Casa Rosada pedía a gritos. Pacto Fiscal, Ley Bases, reforma del Estado: ahí estaban, levantando la mano, con obediencia de tropa propia. Sáenz jugaba de aliado moderado, negociando fondos (que nunca llegaron), obra pública, visibilidad. Milei servía para lo que siempre buscó: caja y acuerdos a medida.
Pero cuando la motosierra empezó a cortarle también a Salta, cuando los números dejaron de cerrar y la popularidad presidencial se desangró, la estrategia cambió. Lo que antes era pragmatismo ahora es distancia; lo que antes era “acompañar el cambio” ahora es “defender a Salta”. Un giro con perfume a cálculo, no a convicción.
El discurso reciente del gobernador suena más a ensayo de campaña que a epifanía política. No hay mea culpa, ni explicación sobre por qué se votó lo que se votó. Solo hay un nuevo libreto, ajustado a las necesidades de la campaña, ajustado a la caída de imagen del presidente.
Gustavo Sáenz no discute ideas, discute climas. Si Milei sube, acompaña. Si Milei cae, cuestiona. En el saencismo la coherencia parece ser un lujo demasiado caro.
Para el espacio que lidera el gobernador no importa si se gobierna a favor o en contra de Milei: importa estar siempre del lado correcto de la encuesta. Sáenz lo entendió temprano en su carrera, y lo confirma hoy, a puro reflejo. La pregunta es si con esta crisis Salta puede seguir bancando ese juego de cintura, cuando el país entero se cae a pedazos.
