Mientras la diputada ultrasaencista se desgarra las vestiduras por la censura nacional a los periodistas Mauro Federco y Jorge Rial, en Salta ya se vivió algo mucho más preocupante: allanamientos a periodistas, confiscación de computadoras y el armado de causas desde la Fiscalía.
Pero claro, eso no la conmueve. Lo suyo es conmoverse por lo que pasa en televisión. “Me cuesta mucho entender cómo alguien puede defender eso”, declaró Juárez con cara compungida, refiriéndose a la reacción del Gobierno de Milei tras las filtraciones de audios que dejan en evidencias las coimas de Karrina.
Pero cuando la fiscal Sofía Cornejo, apañada por el procurador, Pedro García Castiella armaron una causa penal por ser hacer videitos que mostraban los vinculos del saencismo con el mundo narco, no dijo ni mu.
Mónica Juárez, diputada provincial que responde sin matices al gobernador Gustavo Sáenz, no parece alterada por la persecución a opositores, el control del sistema judicial por parte del Ejecutivo, ni el uso de fiscales como arietes políticos. Lo suyo es indignarse por lo que pasa a 1.500 kilómetros.
¿La libertad de prensa? Para ella, es selectiva. En Buenos Aires, hay que defenderla con declaraciones altisonantes. En Salta, se silencia. Es sabido que todo fue “una puesta en escena” para callar voces críticas al gobierno provincial.
Lo curioso es que Juárez habla de ponerse la camiseta pero lleva más de un año sin ir a trabajar a la Legislatura, y cuando lo hace, es para aplaudir al oficialismo o para posar en alguna foto institucional. Mientras tanto, periodistas son no solo sometidos por la pauta oficial sino perseguidos judicialmente.
Y si se habla de censura, el Gobierno salteño va varios pasos adelante: no necesita pedir una cautelar como hizo Karina Milei. Acá directamente se allanó. Se secuestraron computadoras.
Todo eso con la venia de la fiscalía, que actúa como apéndice del poder político, y de un aparato judicial domesticado por años de complicidad.
Porque cuando se trata de lo nacional, se muestra “valiente” para denunciar.
Pero cuando la mordaza viene con sello salteño… prefiere mirar para otro lado.
