Al eterno senador se borró de la sesión en la que se rechazó el veto sobre los ATN de los gobernadores. Ya le da lo mismo: cobra como senador, pero se comporta como un jubilado anticipado.
Juan Carlos Romero volvió a hacer lo que mejor sabe: no estar. El eterno senador nacional de Salta se ausentó una vez más de una sesión clave en la Cámara Alta, donde se debatió y finalmente se rechazó el veto presidencial al proyecto que buscaba restituir los fondos de Aportes del Tesoro Nacional para las provincias.
La de hoy no fue una discusión menor. Se trataba nada menos que de defender recursos federales, de los que dependen los gobernadores -también el de su provincia- para sostener servicios básicos. Pero Romero, cómodo en su sillón de privilegios, prefirió ausentarse.
No es la primera vez que ocurre. Con tres décadas ininterrumpidas en el poder, el eterno senador parece haber entrado en esa etapa en la que todo da igual: las leyes, los debates, los intereses de Salta. Lo único que no se ausenta nunca es su sueldo, que todos los meses llega puntual a su cuenta bancaria.
Romero se mueve como un empleado a punto de jubilarse que ya no pisa la oficina. La diferencia es que, a diferencia de cualquier trabajador común, él cobra un salario millonario del Estado sin cumplir la tarea para la que fue elegido.
Mientras tanto, Salta sigue adelante con un legislador que hace tiempo dejó de ser protagonista para convertirse en un espectador ausente, casi un fantasma político que ya ni disimula.
