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sábado, septiembre 5, 2026

El obsceno aparato de Sáenz: derroche, clientelismo y derrota

Desplegaron todo el Estado como si fuera un comité partidario. Plata, vehículos, bolsones, empleados, logística: nada faltó. Solo le faltaron los votos.

El domingo no fue una elección más: fue una muestra obscena del uso y abuso del aparato estatal por parte de Gustavo Sáenz. En cada rincón de la provincia se vio el despliegue de recursos públicos al servicio de una causa privada: sostener el poder de un gobierno agotado, que ya no convence ni con la billetera. No obstante, el saencismo salió segundo.

Hubo camionetas oficiales repartiendo bolsones, empleados presionados, intendentes convertidos en jefes de campaña y fondos públicos destinados a garantizar “presencias” y “colaboraciones”. Todo bajo la vieja fórmula del clientelismo: usar lo que es de todos para beneficio de unos pocos.

Y mientras Sáenz juega a la elección, los hospitales siguen sin insumos, las escuelas se caen a pedazos y los trabajadores públicos siguen recibiendo aumentos de miseria. Pero para la maquinaria electoral del saencismo sí hay plata. Y mucha. Una obscenidad que demuestra que en Salta el Estado funciona solo cuando hay elecciones.

Lo paradójico es que ni siquiera con semejante despilfarro pudieron torcer la voluntad popular. El saencismo jugó con todos los recursos del Estado y aun así perdió. Salió segundo. Una derrota que no solo se mide en votos, sino en la credibilidad que se fue desangrando entre actos, bolsones y punteros.

Ayer quedó claro que el poder ya no compra todo. Que la gente, cansada de tanto abuso, capaz que recibe, pero a la hora de votar le da la espalda a un gobierno soberbio que cree que puede llevarse todo por delante.

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