En Salta el poder tiene dos capas: la visible —con el gobernador, ministros y secretarios— y la otra, esa que se mueve en penumbras y que tiene nombre y apellido: Nicolás Demitropulos.
No es magia, por supuesto. La magia es elegante; lo suyo, es bastante más terrenal y menos presentable.
Mientras el gobernador, mal que me pese ganó las elecciones, Demitrópulos parece haber ganado algo más importante: el control remoto del poder.
¿Rinde cuentas? No. ¿Por quién juró? ¿Declaración jurada? nadie la conoce.
Y ahora, con el nuevo cambio de gabinete, vuelve la comedia de siempre:
¿Van a blanquear al “no-funcionario” más influyente de la provincia, o lo mantendrán en su hábitat natural: la sombra y el pasillo oscuro donde se operan las cosas con los peores métodos?
Un personaje que no figura en ningún organigrama, pero está en todas las decisiones no puede seguir con tanta impunidad
Un fantasma con más poder que muchos vivos.
*Por Susana Del Frari
