El gobernador volvió a ponerse disfraces para la foto. Esta vez eligió el de corredor automovilístico, justo cuando Salta necesita menos shows y más gestión.
Gustavo Sáenz volvió a su versión cosplayer, esa que ya mostró en múltiples oportunidades, pero ahora con un toque fierrero: buzo ignífugo y pose de piloto del TC2000, como si la provincia fuera un set de filmación y no un territorio donde la inseguridad se dispara, la salud se desploma y la informalidad laboral ya alcanza niveles históricos.
La escena fue grotesca: mientras el TC2000 desembarca en Salta con pompa y cámaras, el gobernador se subió a un auto como si estuviera por largar en Le Mans. Afuera de la pista, los vecinos lidian cada día con robos más violentos, barrios enteros que dejaron de confiar en la Policía y zonas donde la noche ya es territorio de nadie.
Pero la inseguridad no es lo único que avanza a toda velocidad. El sistema de salud provincial, al que Sáenz promete “reconstruir” desde 2019, hoy está hecho un taller mecánico abandonado: guardias saturadas, faltantes de insumos, hospitales que se caen a pedazos y profesionales que siguen migrando porque no pueden más.
Mientras tanto, el gobernador se baja de un auto de carrera y sonríe para la prensa como si todo estuviera bajo control.
La informalidad laboral, por su parte, logró su propio récord histórico: miles de salteños sobreviven con changas, sueldos en negro o actividades precarias que ni siquiera garantizan llegar a mitad de mes. Pero eso no suma likes. No sirve para el cosplay.
Dimensión Cringe: Sáenz protagonizó el momento menos épico del evento
