César Daniel “Oreja” Martínez cayó ahí mismo, en la vereda de su casa, como si la muerte lo hubiera estado esperando desde temprano. No hubo discusiones ni advertencias: hubo doce disparos. Doce. Frente al domicilio donde cumplía una prisión domiciliaria que nunca debió tener, pero que igual le había concedido el exjuez Claudio Parisi.
Eran casi las seis de la tarde del domingo 12 de noviembre de 2023, en San Ramón de la Nueva Orán. Dos motos, cuatro encapuchados. Se detuvieron lo justo. Apuntaron. Y lo borraron del mapa con ese estilo que ya no necesita explicación: sicariato puro. No hubo misterio, solo un mensaje claro para un aparente “pasador” de cocaína desde Bolivia. Así comienza esta historia.
Luego del crimen, ingresó una denuncia anónima y una declaración de un testigo de identidad reservada que manifestó que el beneficio de estar en su casa había sido otorgado a través del pago de una suma de dinero.
Su hermano, el exintendente de Aguas Blancas, Carlos “Conejo” Martínez, días atrás quedó en libertad luego de haber cumplido la pena impuesta en un juicio abreviado por entorpecer la investigación del asesinato del “Oreja”; había sido señalado por maniobras posteriores al crimen y por interferir en el avance de la causa.
En el juicio abreviado, Martínez reconoció haber pagado al juez de la causa para acceder a información reservada del expediente vinculado al crimen sicario.
Queda lo más grueso que subyace de este caso: juzgar a Parisi, caído de su cargo y hoy detenido.
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