Mientras a los salteños cada vez les cuesta más llegar a fin de mes, la senadora nacional vuelve a mostrar cuáles son sus prioridades: subirse a debates importados desde Buenos Aires.
No falla. Cada vez que desde el poder central se instala un tema “marketinero”, Emilia Orozco aparece como comentarista entusiasta, aunque ese debate poco y nada tenga que ver con la urgencia cotidiana de los salteños. Esta vez es la baja de la edad de imputabilidad, una bandera impulsada por Patricia Bullrich y amplificada por Javier Milei, que Orozco adoptó con fervor, como si ese fuera hoy el principal drama de Salta.
La realidad, sin embargo, va por otro lado. En la provincia los salarios siguen congelados; la desocupación crece; los alquileres se vuelven impagables; las jubilaciones están planchadas y miles de adultos mayores deben elegir qué remedios comprar porque no les alcanza para todos. A eso se suman los tarifazos y servicios cada vez más caros y deficientes, rutas nacionales destruidas por la “motosierra” y un Estado nacional que se borra de sus responsabilidades básicas.
Nada de eso parece entrar en la agenda de la senadora. En lugar de exigir respuestas por el abandono de las rutas, el ajuste sobre los jubilados o el deterioro del empleo, Orozco prefiere subirse a debates porteños que rinden bien en redes, aunque no solucionen absolutamente nada en el norte argentino.
Para justificar su postura, la legisladora apeló al oportunismo más crudo: “carancheó” un caso ocurrido en Orán, donde un joven de 16 años fue asesinado por otro adolescente con un arma blanca. Lejos de exigir justicia, políticas de prevención o presencia del Estado en una de las zonas más castigadas de la provincia, utilizó el hecho como excusa para colgarse del discurso punitivista que baja desde Buenos Aires.
No es una sorpresa. Su desempeño legislativo deja poco para mostrar. Durante su paso por la Cámara de Diputados, su actividad fue casi inexistente: en dos años no se le conocieron proyectos de ley relevantes ni iniciativas de peso para Salta. Sus apariciones públicas se limitaron, mayormente, a discursos cargados de violencia verbal, que llamaron la atención más por el tono que por el contenido, incluso entre sus propios compañeros.
Hoy, ya como senadora nacional, el libreto no cambia. Orozco sigue más preocupada por agradar a la agenda porteña que por defender a los salteños que la votaron. No se le conoce gestión alguna para traer alguna solución a la provincia, solo palabras agresivas para consignas importadas.

