La organización ambientalista denuncia que la ley que apoya la saencista abre la puerta a la megaminería en zonas protegidas y pone en riesgo las fuentes de agua que abastecen a miles de familias.
Greenpeace salió con los tapones de punta contra la senadora nacional Flavia Royón, una de las figuras del saencismo, por su respaldo a la reforma de la Ley de Glaciares, una iniciativa del Gobierno nacional que, según la organización ambientalista, habilita la explotación minera en áreas que hoy están legalmente protegidas.
A través de sus redes sociales, la organización fue directa: “Royón acompaña la reforma de la Ley de Glaciares y abre la puerta a la minería en zonas que hoy están protegidas”, señalaron, sin eufemismos ni diplomacia política. El mensaje fue claro: no se trata de un debate técnico, sino de una decisión política con consecuencias estructurales.
Greenpeace advirtió que esta postura “pone en riesgo los glaciares y las fuentes de agua que abastecen a miles de familias en Salta y en todo el país”, en un contexto donde el acceso al agua potable ya es un problema crítico en vastas regiones del norte argentino. Lo que está en juego no es un negocio, sino un derecho básico.
El mensaje final de la campaña fue todavía más contundente: “No se trata de minería, se trata de agua del presente y del futuro”. Una frase que resume el núcleo del conflicto y desnuda el verdadero eje de la discusión: desarrollo extractivo versus supervivencia ambiental.
Mientras el discurso oficial habla de “progreso”, “inversiones” y “desarrollo productivo”, las organizaciones ambientales advierten que detrás de la reforma se esconde una flexibilización de las normas de protección que puede tener consecuencias irreversibles. Y Royón, alineada al saencismo y a los libertarios, queda expuesta como una de las piezas políticas clave de ese engranaje.

