El gobernador enviará al Senado el pliego de la actual jueza de Garantías. Su historial incluye fallos contra docentes, declaraciones a favor de la pena de muerte y una concepción del orden público que incomoda cuando se trata de derechos.
En los próximos días, Gustavo Sáenz formalizará el envío del pliego de Ada Zunino para que quede al frente de la Defensoría General, tras el desembarco de Martín Diez Villa en la Corte de Justicia. La Defensoría, paradójicamente, tiene como misión defender a los más vulnerables frente al poder del Estado. El nombre elegido no pasa desapercibido.
Zunino, actual jueza de Garantías de Primera Nominación, acumula antecedentes que la convirtieron en una figura de alto voltaje público. En 2023 quedó en el centro de la escena cuando ordenó detenciones de docentes que reclamaban mejoras salariales en medio del conflicto provincial. La medida fue leída por amplios sectores como un intento de disciplinamiento judicial frente a la protesta social. El episodio tuvo un alto impacto institucional de esa decisión.
Pero no fue el único capítulo. También generaron fuerte controversia sus declaraciones públicas en las que se manifestó a favor de que se “debata” la pena de muerte en la Argentina. La postura encendió alarmas (menos en el Gobierno de Sáenz) en un país donde la Constitución y los tratados internacionales incorporados tienen una posición taxativa sobre el tema. Toda una definición ideológica de fondo.
Zunino tiene un perfil que combina rigidez punitiva con decisiones que, según sus críticos, priorizan el orden antes que la garantía de derechos. En más de una oportunidad, organizaciones sociales y sectores sindicales cuestionaron su criterio frente a la protesta y la conflictividad social.
El dato no es menor: la Defensoría General no es un juzgado penal ni una fiscalía. Es el órgano que debe plantarse frente al abuso estatal, asegurar una defensa técnica a quienes no pueden pagarla y equilibrar la balanza cuando el aparato público avanza. La pregunta, entonces, no es solo jurídica sino política: ¿qué concepción de derechos humanos encarna quien el saencismo?
Sáenz mueve la pieza y el Senado tendrá la lapicera. En una provincia donde la protesta social suele ser tratada como problema de orden antes que como síntoma, la elección del perfil no parece casual.
