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martes, septiembre 1, 2026

Psicólogos de niños israelistas e iraníes contra la deshumanización de la guerra

En Irán como en Israel existen los más experimentados psicólogos infantiles y especialistas en salud mental que socorren a los afectados por la guerra. Atendieron después del ataque de Hamas (2023) a cerca de 30 mil niños israelíes con distintos problemas psicológicos.

           Por Rodolfo Ceballos (*)

El último bombardeo a una escuela iraní dejó al menos 180 muertos y muchos heridos. Hay también atenciones a niños huérfanos por medio de un programa especial. Los psicólogos de un lado y del otro están en contra de la deshumanización de la guerra que victimiza a las infancias.

Bajo las bombas que aturden y el pánico de tener la muerte afuera del refugio de cemento, no cesan de dar cobertura. Crean espacios seguros y capacitan a cuidadores para brindar contención emocional a la infancia y adolescencia. Los dos países tienen, respectivamente, un Plan Nacional de Salud Mental, aunque estén en guerra.

Irán diseñó lo que se llama el SERAJ, que en persa significa “lámpara” o “farol”. Nombre simbólico, cultural, evocador de luz y guía. Es de tipo comunitario, integrado en atención primaria, con voluntarios y redes sociales locales. Recibió el reconocimiento internacional de la Organización Mundial de la Salud. Fue calificado como “modelo replicable globalmente”. Usa voluntarios, integración social, enfoque territorial y atención comunitaria para niños afectados por bombardeos y desplazamientos. Los psicólogos trabajan asesorados con los protocolos de la Media Luna Roja, parte del movimiento internacional de la Cruz Roja.

Israel tiene servicios de psicología infantil pública con fuerte inserción en hospitales y en las escuelas. De cobertura amplia y de excelencia, se destaca por su profesionalización con buenos sueldos.

La rectoría de salud mental de Salta no puede diseñar un Plan de Salud Mental Provincial, a pesar de que lleva siete años este mismo gobierno que no está en guerra. Todavía la rectoría sigue reclamando una reunión del Consejo Federal de Salud Mental (COFESAME), pide fondos y orientaciones para ver qué salud mental puede generar en Salta.

La semiología de los psicólogos y el equipo de salud mental infanto juvenil tiene expertice. La técnica de abordaje clínico le permite descifrar esos signos y síntomas que emergen de los misiles, las sirenas y los refugios, tragedia cotidiana para las infancias.

Los papás y los maestros entrevistados cuentan cómo los chicos presentan síntomas regresivos: mojan la cama, tartamudean, quedan aferrados con desesperación a los cuidadores, sienten angustias ante la pérdida de seguridad.

Tampoco pasan por alto la hiperactividad y la falta de atención de sus pacientes con un sistema nervioso constantemente en alerta, incapaz de relajarse. La agresividad y la hostilidad son, muchas veces, un espejo del entorno violento que los rodea, mientras que la tristeza y el retraimiento muestran la fractura de la esperanza infantil y juvenil.

Los psicólogos conversan con las familias con empatía y asertividad porque hay atender con accesibilidad y dispuestos a remover las brechas sociales que deja el desastre y la emergencia.

En los refugios se observa a los psicólogos transformar los espacios educativos temporales para que funcionen también como puntos de detección temprana de traumas graves. A pesar de las pésimas condiciones en que atienden, hacen prevención.

Trabajan, fundamentalmente, con el triaje para administrar los Primeros Auxilios Psicológicos (PAP). Clasifican el tipo de ansiedad de los chicos, sus temores generalizados, los problemas del sueño, los conductuales, cognitivos, emocionales y psicosomáticos (enuresis, tartamudez y dolores físicos sin causa médica clara).

Los trastornos más graves para la prioridad en la atención son: depresión y pérdida de autoestima, sentimientos de culpa, desvalimiento, incapacidad de proyectar un futuro, alucinaciones, retraimiento social, incapacidad de interactuar con otros niños, rechazo a la escuela, abandono de actividades recreativas, entre otros.

La semiología orienta la lectura de esas grietas subjetivas, escucha lo que el chico no dice y que él desplaza en sus síntomas. Cada enuresis, cada tartamudeo, cada mirada perdida es un sufrimiento psíquico escrito en el cuerpo y la mente de quienes deberían estar soñando, no sobreviviendo.

 

(*) Periodista especializado en temas psicosociales y de salud mental.

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