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sábado, agosto 29, 2026

Salta: cinco suicidios en un día y un funcionario comentarista

En una sola jornada pueden suceder dolores inmensos para una familia. Y la tragedia ocurrió: en la provincia cinco personas se quitaron la vida en 24 horas. Una se mató en Tartagal, el resto en la ciudad.

    Por Rodolfo Ceballos (*)

Consultado por el periodismo, uno de los actores principales de la rectoría de salud mental asumió su clásico rol de comentarista de la salud mental pública salteña.

Así, el dolor de existir que sienten algunas personas, tan intenso que las lleva a su propia desaparición, quedó atrapado en declaraciones que transmiten una desresponsabilización institucional.

Las frases parecen transmitir sensibilidad, pero no; generan la sensación de mera retórica.

Al hablar en términos vagos, el comentarista se distanció de la obligación de comunicar con criterio porque debe ser muy seria la política diseñada para las autolesiones y suicidios.

Cuando la autoridad transmite mensajes genéricos, la población percibe que el Estado no tiene control ni respuestas. Esto puede aumentar la sensación de abandono y desesperanza, factores que agravan el riesgo suicida.

El integrante de la rectoría de salud mental, como siempre, pronunció sus remanidas frases de ocasión: “No se trata de hechos aislados”, “Es necesario tratar el tema con responsabilidad y con una mirada centrada en el sufrimiento”; también apeló al “trabajo articulado”, a “las acciones conjuntas” y a otras interpretaciones sobre la tragedia sufrida por cinco personas.

Las frases parecen transmitir sensibilidad, pero no; generan la sensación de mera retórica.

QUÉ DECIR, QUÉ HACER

Como parte de la rectoría de salud mental de Salta, es necesario hacer un esfuerzo por mejorar el criterio. En este caso, la comunicación no es para amateurs, ni hábiles declarantes, tampoco para zafar ante la prensa con la narrativa de la picardía dialéctica. Señalar que “la mayoría de los suicidios se producen en países vulnerables” no aporta a la comprensión de la situación específica de Salta ni a la construcción de estrategias locales.

la comunicación pública debe ser clara, basada en evidencia y orientada a la acción

Sus comentarios carecen de datos concretos, indicadores de seguimiento o propuestas específicas de acción. Es tal la opacidad en la materia que queda en Salta reafirmar que, en el campo de la prevención del suicidio y la salud mental comunitaria, la comunicación pública debe ser clara, basada en evidencia y orientada a la acción. Al menos, es lo que aconsejan las teorías y prácticas más sólidas de la suicidiología.

La deuda que tiene la rectoría de la salud mental con los salteños es enorme. Hace décadas debería haber divulgado las estadísticas de los suicidios, pero bien discriminadas, no insinuadas al granel, como suele leerse en la prensa. El fenómeno es multicausal y cada variable hay que medirla por separado.

Falta conocer las tendencias, cuáles son los departamentos que requieren mayor atención, mostrar el suicidio por edades, hacer comparaciones con otras provincias o países, etc. La prevención comunitaria requiere visibilizar datos para dimensionar el problema y orientar recursos.

En las declaraciones a la prensa, el funcionario hizo comparaciones globales poco útiles. El nivel de las palabras quedó en el plano discursivo.

Tras un suicidio, es clave acompañar a familiares y comunidades para reducir el riesgo de contagio social. Esto se llama posvención; nada de esto aparece en sus afirmaciones.

Una de las falencias de la rectoría de salud mental es el oscurantismo de los resultados de la vigilancia epidemiológica. La comunidad solo recibe noticias por el Instagram Es nula la comunicación institucional de los hallazgos, como la identificación de factores de riesgo y de protección.

Lo único que se divulga es que para recibir atención inmediata en una urgencia se llama al 911, a las guardias hospitalarias o al programa GUIAF (teléfono 421-3387) dedicado al suicidio.

Cuando coinciden los suicidios en cantidades y que aturden a la opinión pública, nadie está tranquilo. Menos con la comunicación oficial que insiste con los comentarios vacíos frente a las tragedias reales.

 

 (*) Periodista especializado en temas psicosociales y de salud mental.

 

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