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lunes, septiembre 14, 2026

La traición también se vota: Orozco, Guzmán Coraita y Royón contra la memoria de Güemes

Los tres senadores nacionales por Salta votaron para declarar héroe nacional a Bernabé Aráoz, el prócer tucumano que terminó enfrentando militarmente a Güemes. Después se ponen el poncho, desfilan cada 17 de junio y utilizan al héroe gaucho como escenografía política.

Hay traiciones que ocurren en el campo de batalla y otras que se producen a varios kilómetros más, dos siglos después, dentro de un recinto legislativo y con micrófonos encendidos. La diferencia es que las primeras quedan registradas en los libros de historia y las segundas en las versiones taquigráficas del Senado de la Nación. Los tres representantes de Salta en la Cámara alta, María Emilia Orozco, Gonzalo Guzmán Coraita y Flavia Royón, protagonizaron una de esas escenas que cuesta explicar cuando se pretende reivindicar, al mismo tiempo, la figura de Martín Miguel de Güemes.

Los tres votaron afirmativamente el proyecto que propone declarar héroe nacional a Bernabé Aráoz. No hubo reparos, abstenciones ni votos en contra. Los 65 senadores presentes acompañaron la iniciativa, que ahora deberá pasar por Diputados. El dato no es menor: quienes ocupan las bancas que representan a Salta, la provincia que construyó buena parte de su identidad histórica alrededor de Güemes y de la Guerra Gaucha, decidieron acompañar sin una objeción el reconocimiento de uno de los principales adversarios políticos y militares que tuvo el gobernador salteño durante los últimos meses de su vida.

La historia, en este caso, no necesita demasiados adornos. Bernabé Aráoz había sido un dirigente fundamental de la causa revolucionaria y tuvo un papel decisivo en la Batalla de Tucumán de 1812, por lo que reducirlo a un simple “enemigo de Güemes” también sería una falsificación. Pero en 1821 el escenario era otro. Aráoz, gobernador de Tucumán, mantenía fuertes diferencias con Güemes y se resistía a sus reclamos de hombres, armas y recursos para sostener la guerra contra los realistas y avanzar sobre el Alto Perú. El conflicto terminó convirtiéndose en una guerra entre provincias. El 3 de abril de 1821, las fuerzas vinculadas a Aráoz derrotaron al ejército enviado por Güemes en Rincón de Marlopa.

La cuestión no termina en una batalla perdida. Mientras Güemes destinaba hombres y recursos a ese frente, los realistas volvieron a avanzar sobre el Norte. El 24 de abril las tropas españolas ocuparon Jujuy y, semanas después, Güemes sería herido en una emboscada realista en Salta. Murió el 17 de junio de 1821. Es decir, el enfrentamiento con Aráoz ocurrió exactamente en el tramo final de la vida política y militar del hombre que hoy los tres senadores salteños dicen reivindicar. La historia es bastante más compleja que una postal del gaucho con poncho, caballo y mirada heroica.

Por eso resulta inevitable preguntarse qué votaron realmente los libertarios Orozco, Guzmán Coraita y la libertaria blue Royón. No se trata de negar la importancia histórica de Aráoz, ni de pretender que la historia argentina pueda reducirse a buenos y malos. Se trata de algo bastante más elemental: representar a Salta supone conocer la historia de Salta y entender qué lugar ocupa Güemes dentro de ella.

Acompañar un homenaje de esta naturaleza sin siquiera marcar las enormes diferencias entre la trayectoria de Aráoz y la de Güemes revela, como mínimo, una llamativa ligereza histórica.

Y la contradicción adquiere otra dimensión cuando se observa lo que sucede cada 17 de junio. Los mismos dirigentes que ahora levantan la mano para homenajear a un adversario de Güemes suelen aparecer en los actos oficiales, participan de los desfiles y se ponen el poncho para las fotografías de rigor. El gaucho, convertido en escenografía electoral, vuelve a funcionar perfectamente para la campaña, para el acto institucional y para el posteo de redes sociales. La imagen de Güemes sirve para la foto; la historia de Güemes, aparentemente, ya es otro asunto.

Entonces queda una pregunta bastante menos ceremonial: ¿ignorancia o ideología extrema? Porque si desconocían el conflicto entre Aráoz y Güemes, deberían estudiar antes de votar. Y si lo conocían, la explicación resulta todavía más difícil. Tal vez el problema sea que para algunos dirigentes la memoria de Güemes funciona mejor como disfraz que como compromiso.

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