Con emisarios cerca de Kicillof durante su visita a Jujuy, el oficialismo salteño vuelve a exhibir una vieja estrategia: no apostar todo a un solo proyecto de poder.
El acercamiento del saencismo a Axel Kicillof no empezó ahora, pero los movimientos alrededor del gobernador bonaerense vuelven a poner sobre la mesa una pregunta que excede las afinidades ideológicas: ¿qué está buscando el oficialismo salteño en el peronismo mientras sostiene su relación política con Javier Milei? La visita de Kicillof a Jujuy, hasta donde llegaron algunos emisarios, aporta una señal más para interpretar una estrategia que parece pensada con la mirada puesta en 2027.
En el entorno de Gustavo Sáenz saben que la continuidad de Milei no está asegurada y que una eventual derrota del Presidente obligaría a recalcular posiciones. El gobernador salteño construyó buena parte de su relación con la Casa Rosada sobre la base de acuerdos pragmáticos, de votos claves en el Congreso, pero también conoce los riesgos de quedar demasiado identificado con un proyecto cuyo futuro electoral todavía está abierto. De ahí la necesidad de mantener otros canales de diálogo y explorar alternativas antes de que el escenario termine de definirse.
El problema para Sáenz es que su recorrido político y sus posicionamientos públicos le dificultan acercarse directamente a determinados sectores del peronismo sin generar contradicciones. Para eso está Antonio Marocco. El vicegobernador, de raíces peronistas, tiene más facilidad para moverse en ese ámbito y funcionar como interlocutor con dirigentes que podrían ocupar un lugar relevante en una eventual reorganización del espacio. Primero aparecieron señales a través de su hijo Facundo; ahora, los movimientos se producen también con su participación directa.
La lógica no es nueva. El saencismo ha demostrado una notable capacidad para convivir con espacios políticos diferentes, negociar con gobiernos de signos opuestos y evitar que sus opciones electorales queden atadas a una sola conducción nacional. Lo que desde una perspectiva puede presentarse como pragmatismo, desde otra se parece bastante a una política de cobertura: mientras Sáenz conserva su vínculo con Milei, otros dirigentes de su entorno tantean qué posibilidades ofrece el peronismo.
La cuestión es si Kicillof y los sectores que buscan reconstruir una alternativa nacional están dispuestos a interpretar estos movimientos con la misma lógica. Una cosa es sumar voluntades para enfrentar al Gobierno nacional y otra es ofrecerle una nueva oportunidad a un oficialismo provincial que ha sabido acomodarse a distintos escenarios sin abandonar nunca su principal objetivo: conservar el poder en Salta.
El saencismo no necesita romper con Milei para empezar a mirar hacia otro lado. Le alcanza con mantener abiertas las dos puertas y esperar a ver cuál conduce al próximo ciclo político. La incógnita es si el peronismo aprendió algo de las experiencias anteriores o si volverá a confundir una coincidencia de conveniencia con una identidad compartida.
