Tras un sometimiento total, el gobernador salteño parece ahora virar en el discurso y exigirle al presidente una respuesta urgente sobre los fondos coparticipables. ¿Cambio de convicción o manotazo de ahogado?
Gustavo Sáenz empieza a correr el velo de una crisis que ya no puede disimularse. El gobernador de Salta, que hasta hace poco evitaba cualquier enfrentamiento con Javier Milei y se mostraba como un interlocutor “razonable y dialoguista” del Gobierno libertario, ahora da un giro, casi inesperado: impulsa, junto a el grueso de los gobernadores, un proyecto para reclamarle al presidente una respuesta sobre los fondos coparticipables. La caja provincial no da más, y el relato de la armonía institucional se desmorona al ritmo del desfinanciamiento.
Desde el inicio de la gestión de Milei, Gustavo Sáenz mantuvo una posición de colaboración total de gestión de La Libertad Avanza. Mientras otras provincias tomaban medidas judiciales o alzaban la voz en el Congreso, Salta optó por el silencio, incluso cuando las transferencias nacionales caían en picada. Esa estrategia, que pretendía preservar una buena relación con Nación, hoy parece pararse en otro lugar.
La situación financiera de Salta es crítica. El propio Gobierno provincial admite la paralización de algunas obras y dificultades crecientes en casi todos los rubros. Las señales de agotamiento económico y político se hacen cada vez más visibles: hospitales colapsados, infraestructura escolar en ruinas y creciente malestar social.
“En un contexto económico complejo, acordamos la presentación de un proyecto de ley para coparticipar directamente recursos que nos pertenecen, sin afectar el equilibrio fiscal del Gobierno nacional. Estos fondos son esenciales para sostener la salud, la educación, la seguridad y la contención social en nuestras provincias”, escribió el gobernador en la red X.
“Defender el federalismo no es una consigna, es una obligación: significa garantizar que cada argentino, viva donde viva, tenga acceso a los mismos derechos y oportunidades”, agregó.
Este parece ser un gesto que, aunque tardío, marca un viraje en la estrategia política del gobernador en su relación con la Casa Rosada.
La pregunta es inevitable: ¿Sáenz realmente rompió con el modelo libertario o sólo está intentando desmarcarse por necesidad? Todo indica que no se trata de una convicción ideológica, sino de un giro táctico ante una realidad que se le volvió inmanejable. Ya no hay margen para gestos de simpatía: la urgencia lo empuja a plantarse, aunque sea con tibieza.
Este nuevo posicionamiento también expone las contradicciones del saencismo. ¿Por qué recién ahora el Gobierno provincial decide reclamar lo que le corresponde por ley? ¿Cuántos meses más de ajuste silencioso se necesitaban para despertar? La política, como las finanzas, no perdona la demora.
