El gobernador desestimó las quejas del país vecino por la polémica obra que busca ejecutar, con el apoyo del Gobierno nacional.
Con una soberbia alarmante, el gobernador Gustavo Sáenz aseguró que “no tienen que dar explicaciones” al Estado Plurinacional de Bolivia por el alambrado que planea poner en la frontera con ese país. Reconoció que pueden estar “un poco enojados porque la Argentina adopte medidas que antes no se tomaban”.
“Uno escucha estos reclamos… Son una locura. Es un alambrado que busca encausar la llegada y la salida de aquellos que cruzan la frontera. Este alambrado lo que busca únicamente es que aquellas personas que llegan a la terminal de ómnibus en Aguas Blancas vayan por ese lugar hasta llegar a Migraciones”, dijo anoche Sáenz a La Nación +.
Subido definitivamente al tren de la xenofobia, el mandatario provincial expresó: “Empezamos con eliminar la salud pública gratuita para los extranjeros, que se había transformado en una situación bastante compleja. Argentina es un país generoso. Atendíamos a los extranjeros, daban turnos programados y no teníamos turnos para los salteños. Tomamos esta decisión hace 11 meses: si se quieren atender en Argentina, tienen que pagar, como pagamos nosotros en cualquier lugar del mundo. La salud no es gratuita y no hay reciprocidad”.
El gobernador agregó que desde Bolivia “se anticiparon o pensaron que teníamos otra intención. La única intención es saber quién entra y quién se va, y que pasen por los lugares que corresponden”.
Calificó al comunicado emitido por la cancillería boliviana de “cómico” y expresó: “Nosotros podemos explicar en tanto y en cuanto estemos invadiendo su frontera o el país, pero no se está haciendo eso. Este alambrado solo está ocupando el tejido municipal de Aguas Blancas. No tenemos por qué dar explicaciones sobre este tema. La frontera son 740 kilómetros. Estamos hablando de dos cuadras y media dentro de nuestra casa”.
