Una mujer que vive de su trabajo en Fortín Dragones denunció una brutal agresión racista: fue arrastrada, golpeada y amenazada por un grupo que busca expulsarla del terreno donde vive y trabaja.
La escena parece salida de otra época, pero ocurrió la semana pasada en el norte salteño. En Fortín Dragones, Diana Ferreyra, una mujer originaria, fue atacada por un grupo de unas 30 personas, entre ellas menores incitados por adultos, que intentaron desalojarla por la fuerza del terreno donde reside desde hace cuatro años y sostiene su emprendimiento gastronómico. Todo quedó registrado en videos que se viralizaron y muestran una violencia cruda: insultos, golpes, amenazas y humillaciones.
“Se dijeron un montón de cosas que quiero desmentir. Yo no vivo del Estado, vivo de lo que trabajo”, aclaró en FM Infinito. Allí cocina y vende comida todos los días, al mediodía y a la noche. Con ese esfuerzo, aseguró, logró sostenerse y proyectar la construcción de su casa en el terreno que hoy le disputan.
La mujer afirma tener un acta de posesión firmada por un juez de paz, pero eso no frenó a quienes la acusan de usurpadora. “Ellos dicen que los terrenos no son de nadie, que son de Vialidad. Pero a mí me quieren sacar igual”, relató. La discusión por la tierra escaló rápidamente hacia algo más profundo: el rechazo explícito a su identidad. “Me decían que nosotros los originarios no pertenecemos ahí, que me vaya”, denunció.
El ataque fue directo y brutal. Según su testimonio, la rodearon, la sujetaron con un alambre en el cuello, la arrastraron, la escupieron y la golpearon mientras le gritaban insultos racistas. “Me decían ‘mataca’, ‘chireta’, que no podía vivir ahí. Que aunque venga el presidente, no lo iban a permitir”, contó. La violencia no fue un exceso aislado: fue sostenida, colectiva y, sobre todo, habilitada.
Hoy, quienes la agredieron siguen libres. Ella, en cambio, está escondida. No volvió a Dragones por miedo. Su hijo de 16 años, “el único que me queda”, dijo, tampoco puede ir al colegio por temor a represalias. La vida cotidiana quedó suspendida por una amenaza latente que nadie parece dispuesto a desactivar.
El trasfondo del conflicto suma otra capa inquietante. La mujer vincula la agresión con su decisión de llevar a juicio a un camionero que, en diciembre de 2023, atropelló y mató a su hijo de seis años. El conductor, según indicó, es familiar de personas que participaron del ataque. “Cuando empiezo a enterarme de cosas del accidente, se enojan. Me quieren callar, meter miedo, sacarme de Dragones”, afirmó.
Mientras tanto, el esfuerzo de años quedó reducido a escombros. Los materiales que había comprado para construir su casa fueron destruidos. “Venía ahorrando hace mucho y me rompieron todo”, finalizó.
